Mi memoria tiene un lugar especial para aquello que vi con los ojos del corazón. En este cofre custodiado por querubines rabiosos, guardo por ejemplo el primer suspiro que soltaste dentro de mi boca. En la misma línea también, el último beso que me diste.
Espero un día los centinelas alados de mis recuerdos claven sus espadas flameantes directo al fondo de este cajón y así acabe de una vez el porfiado instinto de retenerte dentro de mí. Anhelo volverte ceniza, pero a la vez, mi amor -y la culpa- insiste en escupir su ámbar sobre tus carnes y fosilizarte.
Me da miedo volver a perderte y quedar vacía, pero más me aterra negarme al sabio paso de la tierra sobre las cosas.
Revivirte es el remedio para purgarme de ti.













