EL METRO DE NUEVA YORK
El metro tiene las mejores historias, es donde no tienes nada que hacer más que observar a la gente; verlas e imaginarte quiénes son, qué hacen o cómo se llaman.
El metro es donde meditas lo que tienes que hacer cuando llegues a tu destino, donde te cae el viente de la belleza de tu one-night-stand de anoche o donde tu último walk-of shame se evapora.
El metro es donde nadie te ve, donde eres invisible, donde tienes más privacidad que en tu four-story walk-up brownstone.
Es donde puedes ser tu mismo, donde no te importa que otros escuchen tus pensamientos porque al final del camino te bajarás del vagón y donde sabes que cuando vuelvas a subir ya no serás el mismo que alguien pudo haber visto la vez anterior.









