—¿Nos apostamos algo a que es Nico?
—Si descubrimos que ha sido Nico, nos vamos a ver alguna carrera de motos en persona...
Ishaan y Stephen
seen from United States
seen from Canada

seen from Malaysia
seen from Singapore
seen from China
seen from United Kingdom
seen from United States
seen from Croatia
seen from United States

seen from Singapore
seen from United Kingdom

seen from United States

seen from Argentina

seen from Malaysia
seen from China
seen from United States

seen from Singapore
seen from Costa Rica
seen from United States
seen from United States
—¿Nos apostamos algo a que es Nico?
—Si descubrimos que ha sido Nico, nos vamos a ver alguna carrera de motos en persona...
Ishaan y Stephen
—¿Y tú? ¿Por qué viniste aquí?
—Decidí dejar mi puesto como Auror Local de Windhill... Fracasé. Fracasé cuando Selene Woollard apareció muerta.
—¿Qué pasó?
—Apareció muerta una mañana de domingo... El 28 de enero del 2028... Era una niña...
—La muerte solo debería socorrer a los ancianos... ¿Por qué dices que fracasaste?
—Debía proteger a esa gente, Stephen. Como Auror local debía proteger a la comunidad mágica, pero también a la no mágica. Es una vergüenza y un dolor inmenso no conseguir algo así.
—Debe de ser muy duro, sí... Aunque... Hay cosas peores, amigo. Yo también perdí a una chica que era un niña... Pero la diferencia entre tú y yo, es que tú la perdiste tratando de protegerla. Yo solo estaba jugando a vivir más deprisa.
—¿Y cómo...?
—Fue un accidente. La subí en mi moto, y cogí la carretera... De pronto, empecé a conducir tan rápido, como si tuviera mucha prisa por llegar a alguna parte, y al llegar a una curva, ella salió despedida.
—¿Y a dónde querías llegar...?
—A ninguna parte... Solo quería volar... Sentirme libre, saber lo que se sentía al surcar una carretera, a 200 kilómetros por hora... ero lo que sentí, no querría haberlo sentido nunca.
—¿Era tu novia?
—Sí... Era mi novia. La única que he tenido antes de Alice. Mi primer amor.
—Seguramente hiciste feliz a esa chica, amigo...
-Frunces el ceño mirándome y yo sonrío cuando me haces esa pregunta. Llevo un tiempo pensando en que la casa es demasiado grande para mí y Nirvana, que se vuelve más pequeña cuando te vas, que siempre hay un hueco libre en algún sofá, una silla vacía... Acaricio el dorso de tu mano con la yema de mi pulgar-.
—Sería más perfecto si te vinieras a vivir conmigo y con Nirvana.
-Te digo sonriendo, porque hace tiempo que te echo de menos antes incluso de que te vayas, en cuanto vienes a verme. Últimamente es verte y echarte de menos-.
-Miro tus hermosos ojos y tu fascinante sonrisa. Me acaricias la mano con la yema del pulgar y siento que esa caricia me sigue arrebatando suspiros, causándome escalofríos. Lo que no espero es que me digas sería perfecto que me fuera a vivir con vosotros... Porque Nirvana es parte de esta familia, parte de esta casa... Y sé que desde que estoy contigo, no solo somos tú y yo, también somos ella, porque ella es parte de nosotros. Mis ojos se llenan de lágrimas cuando me dices que sería perfecto que me viniera a vivir aquí, a esta casa, despertar a tu lado, que duermas al mío, poder compartir un café cada mañana, discutir por quien saca la basura o quien friega los platos, elegir juntos qué cenar, qué ver en la televisión, quien baja a la perra cuando llueve... Me estás pidiendo una vida común, una vida para ti y para mí, de los dos, que desaparezcan los mensajes de voy a tu casa o vienes a la mía de nuestros chats, o las preguntas de a qué hora llegas del trabajo para quedar contigo o verte mañana. Con las lágrimas en mis ojos, te digo:-
—¿Quieres que venga a vivir aquí?
-Escucho tu silencio mientras el corazón se me acelera. Me gustaría que compartieras mi cama por siempre, que te levantaras a la vez que yo o me despertaras, que mi café se quede frío por preparar el tuyo, despertarme antes que tú para verte desnuda al amparo de la luz del sol, ver como cada año cambias, y como con el paso de los años, te salen las primeras canas o las primeras arrugas, elegir juntos qué canal poner en la tele, o pelearnos cuando tú no tengas ganas de ver carreras de motos, que elijas un lado de la cama en el que dormir... Tus ojos se llenan de lágrimas y yo sonrío-.
—Quiero. -Digo apretando tu mano a la vez que asiento con la cabeza-.
—Lo llevo queriendo mucho tiempo pero no me atrevía a decírtelo.
-"Quiero". Esa palabra parece casi un compromiso. Quieres que viva aquí, bajo tu techo, que lleve en mi bolsillo un juego de llaves igual que el tuyo, que venga aquí cuando vuelva del trabajo, que cierre tu puerta cada mañana al salir para ir a éste. Quieres que compartamos el sofá por las noches, que nuestra ropa se mezcle en el cubo de la ropa sucia y en la lavadora, que planeemos la compra juntos y compremos cosas para nuestra casa eligiéndolo los dos. Separo mis labios en busca de aliento, cuando me dices que lo llevas queriendo mucho tiempo pero que no te atrevías a decírtelo, y entonces yo me deslizo un poco sobre el sillón para acercarme a ti un poco más, poniendo mi otra mano sobre la tuya.-
—¿Por qué...? ¿Por qué no te atrevías? -te pregunto.-
-Te deslizas hacia mí y tomas mi mano con tu otra mano antes de hacerme una pregunta-.
—Por si no querías... -Respondo aunque miro hacia nuestras manos unidas. Tenía planes hace mucho, planes de una vida junto a alguien aunque era solo un crío, y el temor a dar ese paso me invadía por dentro, el temor a ser feliz con una mujer... Aprieto tu mano con la mía y te miro sonriendo-.
—Pero mira, acabo de atreverme... -Digo y miro a Nirvana-.
—Creo que me ha convencido ella.
-Me respondes y yo me siento casi ofendida. ¿Cómo no iba a querer vivir contigo, si eres mi vida? Sería como vivir fuera de mi propio cuerpo por elección, ya que estar a tu lado ha sido desde que te conocí el motor que más me impulsó hacia delante cuando me estaba quedando sin velocidad. Veo como miras nuestras manos unidas, y yo lo hago también, sintiendo en mis labios la tensión de una sonrisa. Dices que acabas de atreverte diciendo que ha sido Nirvana quien te ha convencido, y yo sonrío ampliamente, mientras las lágrimas se escapan de mis ojos.-
—Eso es porque ya se ha acostumbrado a que la saque a pasear cuando trabajas, y me quiere mucho también... -digo, mientras que me acerco a ti, poniendo mi mano en tu mejilla.-
—No sabes lo feliz que me has hecho... Vivir contigo es algo que llevo queriendo mucho tiempo... -digo, y dejo un suave beso en tus labios antes de mirarte a los ojos de nuevo.-
-Tus lágrimas caen por tus mejillas aunque estoy seguro de que son de felicidad, y yo pienso en el tiempo que he perdido esperándote, aunque nunca el tiempo es perdido para los que aman. Trago saliva y me humedezco los labios emocionándome. Asiento con la cabeza-.
—Te adora. -Digo sobre Nirvana-. Nunca fue celosa, y eso que yo fui su primer amor... -Digo y siento el calor de tu mano en mi mejilla. Trago saliva de nuevo emocionado. Entonces me dices que hace mucho que quieres vivir conmigo. Cierro los ojos por ese suave beso y los abro para mirarte-.
—Entonces no se hable más. Vivamos juntos para siempre. -Te guiño un ojo-.
Stephen y Alice
—Es un mapa del distrito de Kensinton, por donde suelen parar sus secuaces. Hemos hecho sobre él el encantamiento homonculous, el mismo que se usó para el Mapa del Merodeador.
—Entonces seguro que le encuentras.
—Ahora solo hay un mago por aquí, pero en cuestión de horas, puede haber muchos más... Este mapa acabará siendo un caos de nombres, huellas, huellas y nombres... Así que como comprenderás, no puedo encontrarle yo solo. Necesito un bloque de búsqueda, que puedan turnarse durante las 24 horas del día, hasta que demos con Sokolov, y me gustaría tenerte en mi equipo.
—¿Y piensas que esos magos que aparecen en el mapa son todos sus secuaces? -Te pregunto levantando un momento la mirada del mapa. Me dices que pronto se convertirá en un caos a lo que asiento, me imagino que se convertirá en un mapa que muy poco se podrá leer porque estará muy concurrido. Pero me dices algo antes de responderme y antes de que te pueda volver a preguntar, quieres que pertenezca a tu bloque de búsqueda de 24 horas al día, y te miro casi conteniendo la respiración, no soy todavía Auror y ya tengo mi primera misión que no cuentan en realidad de prácticas aunque esté en ellas porque no eres mi mentor, cuenta más bien como mi primer caso. Me llevo una de mis manos al pecho y emocionada te digo.- ¿A mí? ¿Me quieres a mi para ayudarte?
Yo y Eider
—¿Te gusta West Side Story? ¿Gigi? ¿My Fair Lady? -Pregunto y bebo de mi cerveza.
—¿Te gusta eso a ti, Stephen? -Pregunto frunciendo el ceño.
—Madre de Dios... -Digo mirando para abajo mientras niego con la cabeza incapaz de creerme cómo he podido dar con dos setos con vosotros. —Sí, listo, sí. He visto todas esas películas. -Le digo a Stephen. —Y son joyas.
—¿Esa quién es? La madre de Dios, digo. -Vacilo con él, y después miro a Tristan. Asiento con la cabeza, justo cuando le escucho decir a Ishaan que ha visto todas esas películas. Creía que no. —¿Te gustaron? A mí me parecieron una puta mierda...
—¿Joyas? ¿Esos muermos? Son películas con pololos. Yo creía que Dios había nacido de una explosión del bing bang ese, creía que era huérfano.
—Si crees en Dios, no crees en el Big Ben, gilipollas. Dios nació de la nada. Joder, no veas si fue listo... Luego dicen que Einstein era listo.
Yo y mis amigos los listos
―¿Y cómo es eso de que tiras de las orejas a los perros? Ni que fuera su cumpleaños, macho.
―¡Me gustan! Son blanditas.
―¿Si? ¿Son blanditas?
―Parecen un chicle.
―¿Y las tuyas que parecen, tío?
―¡A las tuyas!
―¿A las mías? ¿Y qué parecen las mías? ¿Caramelo?
―¡De goma!
Yo y Bastiaan
―Y si hay que morir, mejor será luchando.
―Aún no hemos perdido del todo, eso sí que es verdad.
―Sí... Si hay que morir, mejor será luchando. Y claro que no. Aún nos queda mucho por hacer, chicos... Todo lo que nos pasa no es tan malo, ¿No? También nos pasan cosas buenas.
Stuart Carrington, yo y nuestro jefe Harry Potter
—¿Dónde estabas el 1 de Marzo de 2006? -te pregunto sonriendo. —¿Qué hacías a las cinco la tarde?
—Vivir... Eso estaba haciendo.
—Quien te habría dicho que en ese momento estaba naciendo tu pequeña de las dudas infinitas, ¿eh...?
—Nadie... Y seguramente nada tendría la misma gracia, si lo hubiera sabido.
Yo y Alice