Sucesos inevitables
ABIERTO // Rei
El hotel parecía ser cada día más grande. Quizá era porque ahora estaba lleno de gente, lo que hacía que pareciera un hotel de verdad, en lugar de un lugar donde se escondían refugiados de una guerra mágica.
Rei casi olvidaba la situación que le esperaba fuera, miedo constante, vivir entre las sombras, no poder confiar en nadie.
Gracias a eso podía dedicarse a su pasión más que nunca. Antes tenía que esconder todo su material para hacer pociones y debía buscar ingredientes con precaución para no desvelar su naturaleza élfica.
Además, tenía cientos de libros dedicados a la fabricación de pociones en la biblioteca del hotel, pero claro, jamás los utilizaba, ¿qué gracia tenía copiar lo que hacían otros? Lo divertido era hacer algo jamás visto, crear algo nuevo de la nada.
Por eso estaba en la cocina echando ingredientes aleatoriamente a una olla hirviendo, mientras Billy, su ratón, viajaba hasta la despensa para traerle cosas a Rei. La pócima tenía un extraño color morado, y, curiosamente, olía a pollo frito.
Con el mayor cuidado del mundo, Rei trasvasó el líquido a un pequeño frasquito de cristal, mientras Billy observaba atentamente. Se le había olvidado traer algo para tapar el frasco, así que debía llevarlo hasta la habitación para cerrarlo.
—¡Y está lista!—Exclamó con orgullo.
Decidida a llevarse el frasquito a su habitación, con Billy subido en su hombro, se dispuso a salir de la cocina. Sin embargo, no se dio cuenta de que había otra persona allí, y se chocó con ella, derramando todo el líquido sobre el desconocido.
Después de pronunciar una larguísima palabra élfica por la que de niña habría estado castigada días, se dio cuenta de lo que había pasado. Esa poción podría causar cualquier tipo de efecto.
—Em... ¿Estás bien?—Comentó con precaución intentando ignorar el intenso olor a pollo frito procedente del desconocido.












