Aquella torpeza no era algo usual en la castaña, podía culpar a la sensación abrumadora que tenía en el pecho por su falta de coordinación. Bufó por tercera vez mientras se miraba la rodilla ensangrentada, el vestido blanco que vestía habiendo sufrido un destino similar ahora que estaba lleno de tierra y lodo. Se mantuvo en la misma posición sobre el suelo, sabiendo por el persistente tironcito en su tobillo que ponerse de pie por voluntad propia no estaba dentro de sus posibilidades. “Estoy bien, solo es un talloncito.” se forzó a hablar ante la atenta mirada de un tercero, sin levantar la cabeza.












