Libre mil tormentas, deje más de medio siglo en ellas, pero al fin puedo decir con alegría y una sonrisa en el rostro, que salí airosa de cada una de ellas, que me volví más fuerte, resilente, valiente y temeraria. Que ya no me amedentran tan fácilmente, que si el miedo se presenta, lo enfrentó y hablo con el cara a cara para vencerlo.
Pero a pesar de eso, puedo decir también que la ternura del alma persiste, que el amor en mi corazón está presente, que mis manos son cordiales, que en mis hechos hay humildad y que si puedo ayudar, me parto por hacerlo. Aún hay una mujer que cree en el amor y que lo festeja escribiendo cada día en su nombre.
Leregi Renga













