Turismo: Paraíso o infierno para el campesino
Hay un refrán llanero que dice lo siguiente: si el cielo es un paraíso deberá tener su llano, eso es San Juan de Arama, un paraíso en forma de municipio ubicado en el departamento del Meta y uno de los más antiguos, conocido también como la puerta de entrada a la Sierra de la Macarena, estuvo azotado por el flagelo de la guerra durante varias décadas, pero desde hace un par de años abrió paso al turismo gracias al proceso de paz.
Los viajeros y oriundos han ido borrando poco a poco de sus cabezas el recuerdo de San Juan como un pueblo en zona roja y sumido en el conflicto armado, se ha cambiado esta visión por la de una tierra prometedora, con paisajes impactantes los cuales le han valido una mención por ser reconocido en el New York Times como uno de los cincuenta y dos lugares para amar en el 2021. (https://www.nytimes.com/interactive/2021/travel/places-to-visit-vacation.html)
Ahora lo que parecía ser un nuevo ingreso económico para los habitantes del pueblo y la oportunidad de ser explorado por la majestuosidad de sus fuentes hídricas y la belleza de sus montañas, algo a lo que siempre he llamado: el mar verde, se ha vuelto una pesadilla en tiempos de pandemia para los residentes del sector rural, los campesinos, una comunidad olvidada por el estado y quienes solo les sirven a los políticos en tiempos de campaña para adornar las fotografías de su publicidad contaminante.
Juan Guillermo Zuluaga elegido gobernador del departamento del Meta para el periodo 2020-2023 anunció con gran algarabía luego de varias semanas en cuarentena (no tan estricta) y algunas otras restricciones, que se abría la talanquera1 y que todos los viajeros podrían desplazarse sin complicaciones a conocer las maravillas que esconde el llano. Esta noticia alegró a los foráneos quienes sin dudarlo inundaron todos los sitios turísticos del pueblo, dejando a su paso las huellas de su llegada, destrucción y contaminación de los lugares visitados, omisión de las medidas preventivas contra el covid-19, aglomeraciones, uso inadecuado del tapabocas, reuniones clandestinas y una ausencia total de responsabilidad individual y colectiva.
1(término utilizado por los llaneros para hacer referencia a la puerta que se abre en el coleo para que el toro pueda salir a la manga)
Ellos, los viajeros, quienes luego de disfrutar pueden retornar a sus hogares y si enferman muchos pueden recibir atención médica domiciliaria o dirigirse a la clínica más cercana, olvidan que los campesinos que viven en estos lugares no tienen acceso a un servicio de salud medianamente decente, que en pueblos como San Juan no existen las clínicas u hospitales, lo más parecido es un centro de salud que no se encuentra en muy buenas condiciones, el cual ha gozado de una reputación poco favorable respecto a la atención al ciudadano. Varios de ellos deben desplazarse a caballo, en bicicleta, en carros de línea que solo llegan una o dos veces al pueblo por semana, los más afortunados llegan en moto hasta el casco urbano que muchas veces queda a distancias de una o dos horas por carreteras que no se encuentran en las mejores condiciones para poder recibir atención médica, si a ello le sumamos que la mayor parte de los contagios han sido en personas de la tercera edad, el tema se vuelve más complejo y no siendo suficiente, el pueblo tiene tolerancia cero frente a los casos positivos de coronavirus y quienes son diagnosticados se enfrentan a la discriminación, al rechazo público.
Las administraciones públicas del departamento y del municipio en cabeza del gobernador Juan Guillermo Zuluaga y el alcalde Edward Castellanos, han brillado por su ausencia, destacados por una indiferencia absoluta frente a los pedidos de ayuda de los habitantes más necesitados y como ya es usual en este país, solo pueden enfermarse quienes gozan de pertenecer a una clase económica privilegiada, hasta un municipio como San Juan de Arama que ha sido ignorado durante tanto tiempo por todos aquellos que han estado en el poder, ante los pedidos de paz, mayor presencia de fuerzas militares, insumos para el centro de salud e inversión en infraestructura y educación, irónicamente es clasista decidiendo a que personas se les otorga atención prioritaria en épocas de pandemia. El campesino, el que trabaja la tierra, por quien tenemos comida en nuestra mesa a diario, ¨se jode¨ si no consiguió en que llegar al centro médico porque la ambulancia del pueblo no va a ir hasta la vereda por el o si el Sisbén no le autorizó la remisión a un hospital de mejor nivel para tener tratamiento oportuno o si el enfermero o médico que lo atendió decidió enviarlo a su casa de nuevo porque consideró que no estaba lo suficientemente grave.
Estos gobernantes una vez electos olvidan que su misión es trabajar para el pueblo que los eligió, se enfocan solo en el lucro que genera el turismo, estas ganancias económicas y la visibilidad que han ganado los pueblos del llano a través de esta práctica no se utilizan para mejorar vías, infraestructura, escuelas, colegios o potenciar a lugares como San Juan de Arama que a pesar de ser tan longevo cada vez tiene más cara de corregimiento que de municipio, los recursos recibidos no se ven y el desarrollo del pueblo está estancado. Aun cuando abrir las puertas del llano atrae a extranjeros, a propios y a extraños, quienes gastan su dinero en los negocios locales beneficiando a muchos comerciantes, estamos eligiendo el lucro por encima de la vida de muchas personas, preferimos consentir al turista para que no sienta incómoda su estadía que cuidar a quien trabaja la tierra para que no enferme y luego muera por negligencia en su atención, solo puedo decir que turista puede ser cualquiera, gobernantes van y vienen, pero el trabajo del campesino y su presencia en nuestra sociedad es irremplazable y una vez nos haga falta porque esta enfermedad va contagiando a todo el que puede a su paso nos preguntaremos: ¿Era tan necesario viajar aquella vez? ¿Qué tan difícil era cuidarme y cuidar de otros?
En estos tiempos destacamos más por nuestra indiferencia y menos por estar en contacto con las necesidades del otro, la pandemia potenció ese sentido de individualidad y aunque personalmente debo reconocer que en ocasiones es liberador no pensar tanto en los demás y tener tiempo para las preocupaciones propias, ha tocado cada fibra de mi ser ver el abismo de los privilegios, como unos podemos elegir quedarnos en casa y guardar cuarentena sin preocupaciones y otros no tienen elección, un día en casa es un día sin comer, esta crisis ha mostrado la cara más dura de la desigualdad, diciendo esto hay una imagen que no logro sacar de mi cabeza, un campesino labrando su tierra bajo el inclemente rayo del sol con un tapabocas artesanal elaborado por su esposa con pedazos de tela ya roídos por los años, frente a ellos una familia de turistas, comiendo, bebiendo, dañando todo a su paso, sin ningún tipo de protección o cuidado por el otro, exhibiendo su apatía, su egoísmo, ignorando por completo el temor que puede sentir aquel hombre de que a causa de esta irresponsabilidad él pueda caer enfermo y esas manos que hoy siembran mañana no tengan fuerza ni vida para cosechar alimentos para su familia, para ustedes o para mí.










