Si la vida te da mandarinas...
Yo me había estado negando a ver esta serie a pesar de su popularidad porque lo que más decían las personas que la recomendaban era que habían llorado en cada capítulo. Esta descripciób sólo me hacía pensar que era un historia meramente sentimental, es decir, que la trama estaba repleta de momentos conmovedores sin sentido y seguramente el eje principal era amor hetero y a pesar de que no estaba del todo equivocada, al verla descubrí que la subestimé por ese par de prejuicios.
En resumen, "Si la vida te da mandarinas... " es la historia de tres generaciones de una familia teniendo como eje central a Ae-Sun (mamá) y Gwan-Sik (papá). La historia de cómo ambos decidieron estar juntos parece un tanto idílica y romantizada, pero algo particular que me pasa con las series coreanas (o k-dramas), es que hasta la imágen aparentemente más plana y simple tiene una composición más compleja, por ejemplo, uno puede ver a la pareja viviendo su vida llena de amor, pero entre la composición uno encuentra machismos, abusos, violencia, pobreza, inseguridad y un montón de injusticias que llegan a balancear lo empalagoso del primer plano y que a mi parecer, es lo que le da ese toque de realismo y los momentos conmovedores se sienten genuinos.
Personalmente, lo que empezó con una expectativa un poco baja, se convirtió en una serie que se abrió camino en mi lista de favoritas. Los personajes cargan con la complejidad que tiene la vida simple y cotidiana, cada uno enfrenta las consecuencias de sus desiciones y podemos ser testigos de cómo cada evento en su vida los va empujado a construir el siguiente tramo del camino sin ser extraordinario, además podemos ver los cambios y evoluciones de cada generación debido a la forma de la crianza y su entorno, como cuando Ae-Sun consigue un triciclo para su hija y al ver cómo su suegra lo confisca porque "no es para niñas", Ae-Sun le pide a Gwan-Sik que interceda diciéndole: "no quiero que ella sea lo servicial que soy yo, ella tiene que hacer lo que quiera, no quiero que se quede en la casa o en la cocina y no tener ese triciclo sólo será el inicio hacia ese camino".
Algo que también me pareció bien aterrizado es la manera en la que cada quien vive sus relaciones, por un lado Ae-Sun y Gwan Sik viven un amor puro y eterno, mientras que su hija tiene que vivir humillaciones y machismos para aprender a poner límites y poder escoger con quien realmente quiere pasar la vida. Por otro lado, su hermano resulta ser un tanto más impulsivo al ser el primero en tener hijos y enfrentar la realidad de lo que significa dejar a un lado sus propios intereses para poner el bienestar de su familia como prioridad. No es una familia extraordinaria, es una familia bellamente común sorteando la vida con ayuda de su comunidad quienes son los cimientos sobre los que crece la familia y aunque es reiterativo durante cada capítulo, hay uno en particular en donde se le recuerda a Ae-Sun que la comunidad siempre la va a ayudar cuando lo necesite, lo cual me pareció un mensaje valioso, sobretodo viviendo en estos tiempos intensamente individualistas.
Claro que lloré y aunque fue en el último capítulo, parece que lloré todas las lágrimas que no salieron en los capítulos anteriores, desde los malditos abulones, hasta la despedida que me recordó un montón al momento en el que mis abuelos tuvieron que hacerlo. Mis circunstancias obviamente no son las mismas, pero cada capítulo traía un espejo en donde me reflejaba y me dejaba pensando que lo que veo por fuera de mi familia sólo es ese primer plano que me dejan ver, pero seguramente debe haber dificultades escondidas en la composición de su propio universo.