«El progreso, lejos de consistir en el cambio, depende de la retentiva. Cuando el cambio es absoluto no queda ningún ser que mejorar ni se establece ninguna dirección para una posible mejora: y cuando la experiencia no se conserva, como ocurre entre los salvajes, la infancia es perpetua. Los que no pueden recordar el pasado están condenados a repetirlo. En la primera etapa de la vida, la mente es frívola y se distrae con facilidad; no puede progresar por carecer de continuidad y persistencia. Esta es la condición propia de los niños y los bárbaros, en los cuales el instinto no ha aprendido nada de la experiencia.»
George Santayana: La vida de la razón. Editorial Nova, pág. 96. Buenos Aires, 1958.
TGO
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