Retrocede.
Aléjate, aléjate, aléjate.. ¡deja de tocarme!
Se que no tratas de lastimarme, se que vienes en tu más suave faceta.
Pero ya no es tu actitud, eres TÚ.
Cada vez que hablas, que me miras, que me tocas me siento saqueada.
Por favor dejar de invadir mi espacio personal, no puedo respirar contigo tan cerca.
No puedo contener eternamente este grito de terror germinando en mi garganta.
Por favor retrocede.
La desconfianza, la frustración y el rencor ya han contaminado mis venas.
Por eso algunas veces no puedo evitar detestarte tanto como te amo.
Por eso no quiero contarte nada, no puedo.
Por eso cada vez que me dices algo tengo la imperiosa necesidad de hacer lo contrario.
Por eso cada buen consejo tuyo lo destruyo, rompiéndome a mi misma en el proceso.
Por eso no quiero que sepas dónde estoy, pues temo que en cualquier momento vas llegar a arrollarme, aún desde lejos te robas mi libertad.
Retrocede.
Si vienes con la navaja en la mano retrocede.
Retrocede.
Aún si vienes abrazarme retrocede.
Retrocede.
Porque yo ya retrocedí tanto que tras de mí solo hay acantilado.
Retrocede.
Que no hacerlo es lo mismo que empujarme por el borde.

















