Despedidas y gritos de conciencia y catarsis en el día de la mujer
Por Abraham García
En medio del estruendo, durante el tema final de su presentación en Colima con su banda Colonia, el vocalista y guitarrista Arturo Trejo ha dejado el micrófono abiertopara que los presentes canten el resto de la canción. Habrá quien sólo grite “¡Aaahh!”, alguien más se sacará algo del pecho que parecerá ininteligible porque también lo habrá gruñido; y unas u otros dejarán pasar el micrófono por pena, por indisposición o porque prefieren contener la víscera y no desfondarse en la catarsis de la estampa.
–Es algo que yo nunca había visto. Se lo propuse al grupo y comenzamos hacerlo para que la gente sea parte de la canción, para que la banda sea parte de la gente sin marcar diferencias. Yo canto la mitad de la letra y, bueno, ya sabes de qué vamos, buscamos que la gente diga algo positivo, informativo, una declaración de amor o que simplemente grite. El verano pasado que tocamos en Europa hubo lugares donde simplemente no pegó la dinámica, no sé si no entendían – palabras más, palabras menos, es lo que me responde Arturo cuando le pregunto de dónde salió la ocurrencia de hacer esto. Mientras hablamos y me cuenta lo costoso que es ser estudiante universitario en Estados Unidos -es como adquirir una deuda para toda tu vida- , me dice, ya toca El Último Andador. Hay bastante asistencia, unas setenta personas, como para que la gente que organizó ésta tocada, choque las palmas de felicidad porque no tendrán que desembolsar dinero propio para las bandas visitantes. Pero vayamos más atrás.
Era domingo. Era el día internacional de la mujer. Y era la despedida de la banda local Rosa Gloria Chagoyán (RGCH para evitar confusiones con quien hiciera el papel de Lola, la trailera) en el bar Republic. Había una buena expectativa de asistencia, ya que por segunda vez tocaría El Último Andador en una presentación en regla, luego de su vuelta en abril del año pasado.
La banda de ska y reggae dio una presentación más bien breve, memorable en parte por la falta de algunas canciones favoritas como “Pensando en ti”, “Explícame” y “Nacos Flacos” en el repertorio. Sin embargo, en los cuarenta y cinco minutos de su presentación sonaron “Sin Miedo a la Sonrisa” y su ya clásico “Manifestarse” y la gente bailó y cantó. Más allá de lo musical, el cantante Pino y el saxofonista Benom mencionaron que la fecha no daba para celebrar el día internacional de la mujer, para felicitarlas, pues aún en México existen la violencia de género y los feminicidios, y criticaron que entre los hombres, al menos en el entorno local, se tome medio a broma la causa feminista: “nosotros desde nuestra condición de hombres no dimensionamos lo que significa eso, pues nunca nos han acosado sexualmente en el trabajo o en las calles”. Datos que dieron, como los más de 44 mil asesinatos a mujeres en el país en los últimos 28 años (poco más de la media en las edades de los asistentes), siete cada día, así como opinar que el gobierno pretende privatizar el agua con una propuesta de reforma, fueron el momento, quizá no amargo, pero que podría hacer volcar la mirada y poner atención a una realidad que, tal vez ajena para quienes asistieron a la tocada, persiste en el país.
Pero todo esto pasó en el final de una tocada que se acabó pasadita la media noche. Intentemos ir al principio.
The Fifteens, banda de Ciudad Guzmán, fueron los encargados de iniciar el ruido. Covers de Ramones y Misfits, y alguna que otra canción propia, apenas lograron entibiar los ánimos de los asistentes que a esta hora, más o menos las nueve de la noche, eran todavía eran menos de cincuenta y estaban dispersos en las mesas del bar Republic. Si acaso algunos corearon el “puta madre” de una de sus canciones.
El nerviosismo de Abril por el deseo de que saliera bien esta tocada, la última con RGCH en Colima, se disipó cuando le pegó a la cámara de su hermano y Cochón empezó a rasguear los primeros acordes de una última nueva canción sin nombre de la banda, para que se soltase en gritos.
Hacía mucho que RGCH no tocaba. En octubre pasado debieron haberlo hecho bajo el mote de Hurañx, junto a los canadienses Rapid Loss y los españoles Minority of One, pero fue imposible debido a que hubo un caos de tiempo y logística; aquélla vez la policía canceló el lugar a mitad de la tocada y todas las bandas participantes, todos los equipos y hasta todos los asistentes hubieron de trasladarse hasta un bar que de pura suerte permitió que se reanudara, a quemarropa. Todo en cuestión de una hora. Si me preguntan, ha sido la tocada más emocionante del año pasado, porque todo ocurrió al filo de la navaja, a un tris de podrirse, y sin embargo salió bien.
Meño fue el más decepcionado en esa ocasión, pero ahora, al bajo, brincoteaba y chocaba con la espalda contra la gente mientras tocaba igual de desprolijo e inaudible que en el debut de la banda en Casa de La Lengua, hace apenas un año junto a los chileno-sinaloenses Devästar.
De pronto, Cocho anuncia que van a tocar “El Gran Reto”. A diferencia de Meño y Abril, él seguirá tocando junto a Punki (quien todo este tiempo ha estado atrás, aporreando la batería) en AVE y también en Noctambulant, su proyecto de metal extremo. La gente le grita “¡beso, beso!”, para que se acerque su esposa. Como hombre de familia, quizá no le sobra el tiempo para estar en tres bandas, pero esta noche se le ve distendido, disfrutando.
Abril, que se nota más segura respecto a cualquier otra presentación previa de la banda, lanza gritos desgarradores que parece no creíble que vengan de sus cuerdas bucales, porque además sonríe. Pero a diferencia de la primera vez, ahora sí se escucha.
Ya casi acaba el tiempo de RGCH y tocan “Las Madres Lloran” de Los Crudos. Algunos se abalanzan para cantar con Abril, y por fin se prende el mosh pit a lo largo de casi dos minutos. Así sonaron otros temas que nunca más se escucharán, como “Sin Diosas”, “Autotomía” y “Jaurías”.
“¡Esta ya es la última de la vida en Colima por siempre y para siempre!”, exclama Abril, pero para evitar dramas, Cochón toma el micro para bromear con el cover que van a tocar como cierre: “no la habíamos tocado antes porque Abril no la encontraba en Spotify”- es “Pinches Puercos”, de los chicaguenses Sin Orden- “Se la queremos dedicar a aquellos que vigilan por nuestra seguridad”. Acabaron un minuto después.
Quizá Rosa Gloria Chagoyán no fue ni será lo que se entiende por una gran banda. Fuera de Colima, tan sólo una vez tocaron en Manzanillo y otra en Guadalajara, dos si contamos su fecha en serio final del próximo cuatro de abril allá. No dejaron ninguna grabación ni algo tangible como para recordarles. Pero como miles, quizá millones de bandas en el mundo, existieron y hubo quien quiso ir a verles. Además fueron una banda de Colima, que todavía me gusta pensar es algo así como el sótano de la escena subterránea de México, porque aunque se haga mucho ruido, afuera casi nadie sabe algo de aquí.
Pero bueno, luego de la despedida de RGCH, Colonia se alistó para tocar. De los texanos Colonia había una buena impresión del año pasado, cuando tocaron por primera vez en Colima en Casa de La Lengua.
Arturo, que en esa ocasión venía acompañado de otro bajista y otro baterista, gritó sus canciones con números romanos por títulos sin necesidad de micrófono y entre canciones contó una historia sobre un amigo o un pariente suyo a quien mataron no recuerdo si por ser chicano u homosexual. Aquella vez el tipo generó un entorno muy íntimo y empático con la audiencia que se convirtió en un happening lleno de visceralidad. Pero había algo que no recordaba.
Ahora, en Republic, no se esperaba que ocurriera exactamente lo mismo con los de San Antonio, pues el bar es un espacio más amplio que la sala de lectura Iván Illych donde se hacían las tocadas en Casa de la Lengua, pero Colonia ya empezaba a tocar.
A Arturo se le entrecortaba la voz mientras gritaba que “estas canciones son de la tristeza”. En algún momento dijo que su banda está en contra de cualquier tipo de discriminación en todo sentido, ya sea por religión, preferencia sexual, etnia o género y que habría que erradicar esta práctica. Dicho esto, invitó a todos los hombres a que pasaran atrás de las mujeres para que ellas hicieran mosh pit durante “XII”, cuando exclamaba ¡levántate!
En medio del estruendo, durante el tema final de la presentación de Colonia, Trejo dejó el micrófono abierto para que los presentes “canten el resto de la canción”. Hubo quien sólo gritó “¡Aaahh!”, alguien más se sacó algo del pecho que pareció ininteligible porque también lo gruñó; y unas u otros dejaron pasar el micrófono por pena, por indisposición o porque prefirieron contener la víscera y no desfondarse en la catarsis. Entonces recordé que eso mismo había pasado un año antes en Casa de La Lengua y que en realidad fue por eso la buena impresión que habían dejado.
Como en aquella vez, que casi toda la asistencia gritó algo como si se tratase de alguna clase de ritual, en esta ocasión también supe exactamente qué quería gritar -fue exactamente lo mismo en ambas ocasiones-, pero…















