Cuando pase el temblor...
Desde la década del 80, las canciones interpretadas por Gustavo pasaron por los oídos de infinidades de generaciones. Adolescentes, jóvenes, adultos y ancianos reconocen en cualquier parte el sonido de esa música ligera que nos dejaba en cada nota, en cada acorde y en cada punteo de su guitarra.
Hoy, ya no es lo mismo escuchar esos viejos temones que nos dejaban viajar y aparcar de alguna manera los problemas.
Hoy ya no podemos escuchar una de sus canciones sin sentir que se nos estremece la piel.
Hoy Gustavo no está, pero nos dejó sus poesías y su inteligencia musical. Nos dejó grandes temas, grandes valores, y grandes enseñanzas.
Nos enseño lo que es la lucha por la vida, a no decir adiós tan fácilmente, a no rendirse ante nada.
Otro crimen queda sin resolver, pero cada huella de esta leyenda nos queda marcada a fuego como enseñanza de vida y ejemplo vivo de perseverancia.
La espera lo agotó, y así, después de cuatro años decidió que poder decir adiós es crecer.