Algún día mi manera de ser me llevará a la muerte, de nuevo; pero por los momentos, lo disfrutaré.
Soundtrack.
Y así era como Alexander se encaminaba por uno de los alargados pasillos en el hotel que lo conduciría al sótano. De todas las leyendas que había escuchado de Escocia, se rumoreaba que en uno de los tantos muros de la edificación había algo sepultado; un misterio. ¿Quién sabe? Quizás era un tesoro o algo por el estilo, quizás recibiría una recompensa… o no. Lo único que sabía es que mientras estuviera por esos lares, preferiría dedicar su tiempo en averiguarlo, pues, era mucho mejor que estar aburriéndose esperando que algo interesante pasara. Le había quedado claro que así no sucedería al menos que él iniciara.
De sus labios provenía una melodía silbada al ritmo del principio de la canción “Gold on the Ceiling”, con una sonrisa adornando su rostro. Lo que estaba a punto de hacer posiblemente podría meterlo en problemas, pero ¿desde cuándo él estaba absuelto a ellos? Nunca. Otro que se añadiera a la lista no haría la gran diferencia de sus desastres.
Ajeno a cualquier persona que pudiera verlo, empezó a bajar los escalones que de la planta baja lo llevarían hacia el sótano; de a poco la luz se iba haciendo más y más tenue, hasta dejar una simple bombilla alumbrar la entrada de una puerta que lo condujo directamente a un pasillo. Ésta vez detuvo su silbido y observó el alargado recorrido y angosto que se dividía en varias puertas, preguntándose en cuál debía entrar para empezar su búsqueda. Detuvo la mirada en una puerta particularmente más llamativa que las demás y dio paso directamente hacia éstas con la intención de un objeto que le sirviera de apoyo.
Cuando hubo entrado, otra bombilla daba iluminación a medias en esa habitación.
― Curioso ―susurró, adentrándose en ésta y observando con cuidado todos los objetos que le rodeaban. Sus pasos parecían resonar como eco según avanzaba.
El lugar estaría vacío si no fueran por unos que otros instrumentos más y equipos que seguramente daban acondicionamiento a todo el hotel. Las ocurrencias que surgieron en su mente, le hicieron esbozar una amplia sonrisa, pero decidió aferrarse al plan principal: Buscar el tal mencionado objetivo misterioso.
Con el rabillo del ojo pudo percatarse de un pequeño closet, y antes de pensárselo, ya estaba abriendo éste y descubriendo su contenido: Palas, martillos, entre otras herramientas. Tomó la pala. Agarró aquella entre sus dos manos y probó su peso. Ésta serviría. Sin esperar por más, decidió intentar con el muro más despejado de esa habitación. Había muchas, pero él tenía mucho tiempo.
Como si de una tarea del día a día se tratase, empezó nuevamente a silbar la melodía de un principio, mientras daba los primeros golpes al muro derrumbándolo.
― Veamos que hay por aquí.
















