Un día importante, eso sin duda. Acontecía una de las reuniones más importantes a las que debía acudir ese año. De hecho, llevaba preparándola durante unos largos cuatro meses cuando de pronto el despertador decidió relajarse esa mañana. No sonó, ni siquiera hizo el amago. El ligero sueño de Ray no se vio afectado hasta que, horas más tarde, sus párpados se entreabrieron por pura necesidad entre el continuo ruido que en el exterior creaba el atasco que había tenido lugar justo frente a su casa. Parecía un día importante para más personas. En el momento en que vio el reloj, marcando las 12:34pm, le dio un completo vuelco al corazón. Saltó rápidamente de la cama y recogió la ropa que había preparado la noche anterior con intención de no perder ni un sólo segundo y se la puso como bien le fue posible. Cogió su cartera, su maletín, y salió corriendo en dirección a la parada de metro más cercana.
Ahora sólo le quedaba esperar. Miraba el paso de cada estación, y acabó por sentarse en uno de los asientos a la espera de su parada. Sin embargo, Morfeo volvió a rodearlo con sus brazos haciéndolo caer en un profundo sueño que no tuvo fin hasta que dio el pitido de una nueva estación. Sus ojos se abrieron y se clavaron directamente en el cartel que indicaba su destino, ya pasando de largo.
—No... No. No. No, no, no. ¡Joder, no puede ser!—decía mientras se acercaba corriendo a la puerta del metro, ya cerrada ante sus narices.









