Los días pasados habían sido terribles. Entre sus horarios extendidos en las guardias y los extraños sueños que no dejaba de tener apenas cerrara los ojos por la madrugada, que hacían que se despertara bañado en sudor y corto de respiración; sobraba decir que no había descansado como debería. Supone que es eso lo que comienza a pasar factura a su cuerpo, agotado, cuando en su horario de comida, se ve incapaz de ingerir más que una bebida energética. Deja la mitad de la lata cuando toma asiento en una de las bancas, de repente sintiendo sus manos temblar y su corazón latir acelerado, al grado de pensar que ha desarrollado intolerancia a la taurina que consume con cierta asiduidad en las bebidas.
Hubiera dejado esa idea, de no ser por imagen que llega como una ráfaga golpeando su pensamiento, arrancando su respiración al sentir una punzada en la espalda, sensación de alarma que le hace ponerse de pie de inmediato, sobresalto que casi lo hace golpear con su mochila al chico con el que había estado a punto de compartir la banca. ---Merde... Lo siento, yo--- se ve incapaz de continuar, obligándose a tragar saliva con esfuerzo, pensando en qué era lo que tenía que decir. ---Eh, creo que, uhm, creo que me estaba quedando dormido,--- suena creíble, ¿no es así? ---Y me sobresaltaste un poco.