; ✚
Paseaba por los pasillos del palacio del Reino de Sindria, para matar el aburrimiento antes de ir a la reunión que tenía pendiente con Sinbad. Pasó por los aposentos de Aladdin y por los de Morgiana, respectivamente. En este último la puerta estaba entreabierta, por lo que, echó un ojo y vio a la pelirroja mirándose los tobillos, se veía en sus ojos que estaba algo dolorida.
—¡Morgiana! ¿Estás bien? —dijo entrando en la habitación sin pedir ningún permiso y un tanto preocupado. Hizo un gesto de que se quedase aún quieta en esa posición, sentada en su cama con las piernas fuera de esta. Se puso de cuclillas en frente de ella mirándole directamente a los ojos intentado que esta no apartara su mirada.
—Veamos... Puedo, ¿no? —cogió la pierna de la chica y pasó tímidamente sus dedos por su piel mientras iba bajando poco a poco hasta llegar a sus finos tobillos. Estaban repletos de rozaduras. Seguramente fuera a causa de la estúpidas cadenas, que hace poco se quitó.
—Morgiana... —dijo con un sonrojo en su rostro. —Ahora eres libre puedes hacer lo que quieras ya no vas a estar más encadenada a nada —aún sosteniendo una de sus piernas y con ese sonrojo en su rostro, agachó su cabeza y besó sus heridas. Cuando terminó dejó la pierna de la Fanalis delicadamente donde estaba. Reincorporándose se sentó justo al lado de ella, encima de la cama. Su sola proximidad le proporcionaba una sensación extraordinaria, como el calor que desprende un trozo de madera cuando se resquebraja en la chimenea y va reduciéndose a cenizas.
—¿Mejor?
{ xfanalis }










