D i n n e r
— Claro, pero hoy no. Tienes que recuperarte, Kougyoku —comentó, aunque tuviera muchas ganas de enseñarle todo su esfuerzo a su amiga sabía que debía de advertirle de que se cuidara más.
— He pensado quedarme está noche en el reino… ¿Te apetecería enseñarme tu poder mañana? —tomó el vaso que tenía delante y dio un sorbo esperando así la respuesta de la chica.
—¡Claro! ¡Que te quedes sería maravilloso Alibaba-chan! —Comentaba con sincera alegría, la cual se veía reflejada en sus rosados orbes. Sin embargo, eso de esperar no le parecía en absoluto. Así que en un ataque repentino tomó su ornamento dorado el cual agitó un par de veces tras invocar en silencio a Vinea.
—¡No hay porque esperar! —Soltó una risita, moviendo hacia adelante su contenedor metálico, el cual provocó que del vaso de agua de Alibaba saliera un enorme chorro que, sin quererlo, empapó completamente al rubio.
— ¡Kougyoku, tienes que descansar! —exclamó mirando a la pelirrosa, demasiado esfuerzo y, seguramente, volvería a desmayarse. Cuando vio que tenía en sus manos el contenedor metálico de Vinea se temía lo peor. Ya vio en su día el combate que tuvo contra Sinbad y como la actitud de la chica cambiaba al usarlo. Empezó a moverlo y torpemente sólo le tiro el vaso de agua encima. Aliviado, soltó un gran suspiro y descansó su cuerpo en el asiento.
— Frí-Frío...











