Tan solo un par de consejos para... San Valentín...
Él llegó hace un par de días a aquel nuevo instituto, tuvo su encuentro con Magnus y, ahora que se paraba a pensar detenidamente, casi que se encontraban a inicios de Febrero. Y todo el mundo sabe obviamente el tipo de festejo que se celebraba aquel mes. Nada más y nada menos que: San Valentín.
Para el nephilim, ese día siempre fue como otro cualquiera. Quizás alguna vez que otra le regaló algún que otro detalle no demasiado llamativo a Jace, pero en esos instantes era diferente. Se trataba de Magnus y era más que obvio que a ese hombre no podía regalarle algo que fuera demasiado simple, más al saber lo extravagante que solía ser. Además, el cazador no podía permitirse el lujo de ofrecerle como regalo un viaje a cualquier lugar del mundo, tal y como en ocasiones hizo el brujo con él. Alec no podía permitirselo, pues no es que tuviera un salario demasiado elevado como para pagar billetes de avión.
Desde el día anterior no dejó de pensar en ese tema. Incluso soñó que hacía una lista de cosas que ofrecerle al mayor, pero al no haber podido visualizar en dicho sueño aquella maldita hoja, pues se encontraba como si se tratase de un jugador de fútbol novato. Aun así, cuando amaneció y abrió los ojos, en lo que se daba una pequeña ducha y se vestía, pensó en que quizás podría pedirle consejo a esas personas que sabía de su relación con Magnus. De primeras pensó en preguntarle a su hermana pero nada más hacerlo, se echó para atrás. Seguramente ésta le diría cosas que, posiblemente, el ojiazul no se atrevería a hacer. También pensó en Clary, pero la dejó en el cajón de posibles y, para finalizar: Belle. Ella era una chica agradable y que, luego de pillarlos a él y su amante infraganti, quizás tendría algo más de confianza.
Una vez que salió de la habitación caminó por los pasillos mientras que con la mirada buscaba la figura de la castaña, hasta que cerca de unas taquillas la encontró. No dudó en acercarse hacia ella pero, justo cuando se posó detrás y alzó una de sus manos para palmear su hombro, se detuvo y la apartó. Empezaba a dudar. Y precisamente por eso, acabó por dar un paso hacia atrás al tiempo que se giraba. Se marcharía.









