Luego del desastre en aquella fiesta lo último que Xavier esperaba leer era una carta de su hermana. Sí, la extrañaba, pero que ésta se comunicara con él por medio de una carta era... raro. Para eso podía llamarlo o pasarle un mensaje larguísimo de WhatsApp. Lo que en la carta ésta revelaba no se lo esperó ni en un millón de años. Ir al trabajo estaba descartado, y no por su inexistente resaca. Lo único que se le ocurrió hacer fue ir a casa de Rudi, después de todo ya le tocaba ir a ver cómo le iba con las costillas... La excusa era que debía ir a ver como estaba, no que necesitase apoyo moral, eh. Se ahorró las lágrimas, los lamentos. ¿Qué ganaba con eso? El médico no se molestó en tocar la puerta, era temprano y ya hacía dos días que el castaño ( a regañadientes ) le dio una llave, así que lo único que hizo fue entrar con un par de cafés en una mano y en la otra unas bolsas llenas de viveres. No pensaba salir de la casa de Rudi en todo el día. “¿Estás despierto, bello durmiente?” @rvdiger













