Aquí va mi historia, una historia que guarde muchos años y que encuentro después de tantos años y lecciones. Gracias por venir y haberte ido.
Cuando estaba en la secundaria tenía un novio abusivo, ahora se que era así porque puedo mirar atrás y darme cuenta, no era capaz de dejarlo, estaba atada a él. Pero, un día, conocí a este chico, con la sonrisa más bonita de todo el universo o al menos del mío. Todo empezó con una amistad, nos gustaba hablar de todo y a la vez de nada, era la clase de persona con la que podías pasar horas y horas hablando. Y así pasó el tiempo, hasta que un día mientras hablábamos por fb me dijo:
-Me amas y lo sabes ;).
Cuando leí eso no pude evitar sonreír pues sabía muy dentro de mi que era cierto, incluso si nunca nos habíamos dicho te quiero, incluso si nunca nos habíamos besado o tomado de las manos, nuestro amor había crecido a base de conexión y de palabras, esa clase de amor que trasciende.
La primera vez que nos besamos fue mágica, sentí como si nunca hubiera dado un beso así, como si mis labios nunca hubieran probado un sabor tan dulce como aquel.
Y el tiempo pasó y yo nunca me había sentido tan enamorada, aquel chico era perfecto, divertido, sabía escuchar, sabía cómo darme ánimos, era todo lo que siempre había querido y mucho más.
Salíamos a un parque que estaba cerca de nuestras casas y nos tirábamos en el pasto a ver el cielo, hacíamos peleitas, jugábamos como niños chiquitos pero no nos importaba porque estábamos viviendo en nuestro propio perfecto universo.
Todo iba tan bien, hasta que el empezó a emborracharse, a salir de fiesta cada fin de semana con sus amigos y lo que parecía mera distracción, se convirtió en una adición. Después siguieron las drogas, después el sexo.
Dejamos de hablar, dejamos de disfrutar el tiempo que teníamos juntos, comenzó a llamarme solo cuando se sentía solo, cuando tenía ganas de coger. Me empezó a utilizar, solo era su pequeña distracción, la persona que lo hacía sentir menos mierda por ser una mierda.
Y empecé a perderme a mi misma, deje de hacer todo lo que me gustaba, deje de creer en mi misma y los demonios del pasado regresaron, pero esta vez mas fuertes que antes.
No comía, no dormía, no hacía nada más que ser un vil objeto.
Hasta que un día empecé a pensar en una manera de escapar antes de que el me arrastrara con el. Ahorré dinero, trabajé duro y al final me compré un boleto a Montréal. Deje mi familia, mis amigos y todo lo que conocía para empezar una vida nueva, una vida diferente.
Lo deje a él y a pesar de que me doliera tanto, tuve que seguir mi camino y no mirar atrás, porque si miraba atrás, nunca avanzaría.
Han pasado ya dos años desde que tome esta decisión y creo que ha sido lo mejor que pude haber hecho por mi misma. A veces lo extraño, pero recuerdo que ya no existe la persona de quien me enamoré, que esa persona ya no es ni será la misma.
Solo queda avanzar, y sus memorias se irán borrando, y su voz en mi cabeza perderá su tono, y sus letras perderán su tinta. Porque al final nada prevalece, ni siquiera el dolor.














