No lo pude evitar. Para cuando reaccioné ya era así. Una persona que hacía menos a los demás como a mi me hacían. Alguien que solo quería que todos creyeran que era feliz aunque no lo era. Reía tanto, empecé a reír más; es cierto, así como empecé a llorar más en solitario. Me volví más insegura conforme me integraba más en la sociedad. Solo quería tener una vida como la de ellos; los envidiaba, me quejaba de ellos, quería ser como ellos porque se veían tan felices, se veían más felices que yo y no podía soportar eso. Y la triste verdad es que todos son más felices que yo y siempre lo han sido por el simple detalle que yo decidí omitir y es la clave a la felicidad: aceptarte tal como eres. Ya deja de desear lo de los demás. Nadie te obliga a ser feliz y más aún, nadie te obliga a ser feliz como ellos lo son. Eres tú la que crees que hay una sola manera de ser feliz. Ya sé libre y deja atrás toda frustración solo porque ese día no fue perfecto. Un día imperfecto es perfecto!