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Salamanquesa (Tarentola mauritanica)
Sisante
© 2019 Oscar Alcañiz - Please, do not erase this text if you reblog this picture
buenos aires, argentina
Tomando el sol de invierno. #salamandra #salamanquesa #drac (en Santa Perpetua De Moguda, Cataluna, Spain)
Salve a estos chivines gemelos de salamanquesa de morir ahogados en una boca de riego. Me sentí a gusto conmigo mismo 🦎🦎☠️🌈😃🤷🏻♂️☯️
#Alifornia
GUAPOS Y FEAS
De nombres y gecos
A la guapa se le perdona todo. Al guapo, también... Políticos y demagogos, actrices y personajes públicos lo saben, conocen el efecto que causa el atractivo físico en el público poco avisado y gastan fortunas en cirugía para disimular los vertiginosos estragos del tiempo.
"El guapo parte siempre con crédito de bueno, y la fama de malo ha de ganársela por medio de la acción; inversamente, el feo levanta el cierre de la tienda ya debiendo al fisco de la opinión pública las pruebas de bondad que con su sola apariencia de maldad ha defraudado. ¡Oh, maniáticos mercados bizantinos! ¡Oh caprichosa bolsa de Babel!"
Las exclamaciones últimas de Rafael Sánchez-Ferlosio resultan enigmáticas. Parecen una queja universal contra la llamada antiguamente "historia sagrada", contra la arbitrariedad del Demiurgo que sopla guapura, como el Espíritu Santo gracia, donde le place..., o más bien un reproche contra la arbitrariedad de la opinión pública que juzga por las apariencias fugaces y la lindura cosmética.
Platón renegó de la cosmética como un arte innoble, un simulacro de la verdadera belleza, un halago que engaña los sentidos. Sin embargo Peter Sloterdijk cita a Baudelaire a favor del maquillaje femenil: "Elle doit se dorer pour être adorée". La mujer merece emperifollarse para ofrecerse como imagen de los dioses.
La suerte de la fea, la guapa la desea -se dice-, y es cierto que, en casos extremos, la belleza da en maldición, porque es tan grata a la vista como dulce al sabor es la miel. La belleza como el panal de la fábula, atrae a moscones asquerosos y puede tener para ellos una eficacia destructiva, pero también para la bella si incurre en narcisismo y se pierde en el fondo de los espejos...
Estimulada por la capacidad perturbadora de la belleza, la Inteligencia artificial Gemini me ha regalado unos versos:
"Por mirarte, la paz se hizo desgarro, / y el corazón, cautivo de tu encanto, / sangra llagas de amor y desencanto."
Y si la belleza nos atrae y encanta, el animal más útil para nuestra raza, sea vencejo, serpiente o salamanquesa, nos produce repulsión y se desacredita por su fealdad. Pasa también con los nombres. Mi madre jamás ha soportado el nombre que le impusieron, el de su abuela Sebastiana, que lo había llevado por haber nacido el día de San Sebastián. El significante suele volcar su efecto musical, su magia y timbres sonoros sobre el significado y el sentido de las voces.
Muchas personas no quieren admitir que la belleza de los nombres dependa de modas coyunturales y gustos históricos ni aceptan que no sea el nombre el que haga a la persona, sino la persona la que haga al nombre. Siempre he celebrado el coraje de una antigua alumna que ejerció como azafata de aviación, mujer agraciada, y que jamás consintió cambiar su nombre de pila: Melchora, nombre que hubiera espantado a mi madre. Lo cierto es que los nombres que antaño agradaron hoy no gustan y los que hoy molan, mañana no gustarán. pronto caducan y tal vez luego vuelven. Ahora se han puesto de moda nombres medievales como Jimena o Pelayo.
El mismo poder de nombrar, de inventar o imponer nombre para el recién nacido o para la recién nacida, ha pasado en una generación de abuelos y padres, a hijos e hijas. Hoy ya no pesa que el abuelo o la abuela se llamaran Nicolás o Federica. De admitirse solamente los nombres de santos, hemos pasado a la extragancia de llamar Rayo a un niño y Éowyn a una niña.
Rafael Sánchez Ferlosio, nariz aquilina, protestó ante el valor supersticioso que atribuimos a los nombres y a la fealdad de las salamanquesas...
"El nombre de la cosa maligna es tan absolutamente inofensivo como la carrera del geco o salamanquesa que rampa por el lucido de la pared, pero a semejanza de ésta, y por análogas razones, no necesita ser tenido por dañino para ser causa de aprensión. Del tímido, vacilante, verrugoso y ceniciento geco aún está por saber que jamás hiciera mal a hombre alguno en este mundo, y vedlo ahí, sin embargo, cómo una vez más acierta -pequeño pavor rampante- a dibujar o tal vez a escribir sobre el blanco del lucido la más expresiva, convincente e irresistible finta de endriago mensajero de las tinieblas y el horror"
¡Pobre salamanquesa!, ¿qué ha hecho esta beneficiosa criatura para ser endriago mensajero de tinieblas y horrores, protagonisa de fantásticas supersticiones y temores, o la Señora Serpiente, para devenir en nuestra cultura emblema del Maligno?