“Jehová, la habitación de tu casa he amado, y el lugar de la morada de tu gloria.”
El salmista expresa un amor sincero y profundo por el templo, donde la presencia de Dios se manifestaba. Esa misma devoción debe habitar hoy en los corazones de los creyentes.
1. Su mayor anhelo era estar con Dios. “Una cosa he demandado a Jehová… que esté yo en la casa de Jehová todos los días de mi vida…” (Salmos 27:4).
2. La morada de Dios era preciosa para él. “¡Cuán amables son tus moradas… mi alma anhela los atrios de Jehová!” (Salmos 84:1-2).
3. Somos bienaventurados por estar allí. “Bienaventurados los que habitan en tu casa…” (Salmos 84:4).
4. Allí echamos raíces y crecemos firmes. “Plantados en la casa de Jehová… florecerán” (Salmos 92:13).
5. En su casa encontramos el bien y la misericordia. “El bien y la misericordia me seguirán…” (Salmos 23:6).
6. El salmista prefería un día en su templo que mil fuera de él. “Mejor es un día en tus atrios…” (Salmos 84:10).
7. Hoy, Dios habita en su Iglesia. “La iglesia del Dios viviente…” (1 Timoteo 3:15).
8. Allí le damos la gloria. “A él sea gloria en la iglesia…” (Efesios 3:21).
9. Entramos al Lugar Santísimo por Cristo. “Teniendo libertad para entrar al Lugar Santísimo…” (Hebreos 10:19-20).
10. No debemos dejar de congregarnos. “No dejando de congregarnos…” (Hebreos 10:25).
11. Ir a su casa debe ser nuestro gozo. “Yo me alegré con los que me decían…” (Salmos 122:1).
12. Recibimos bendiciones espirituales en Cristo. “Nos bendijo… con toda bendición espiritual…” (Efesios 1:3).
APLICACIÓN FINAL:
¿Amamos realmente donde Dios mora? ¿Anhelamos estar en comunión con su pueblo? Que nuestra mayor alegría y prioridad sea reunirnos con la Iglesia, el lugar donde Dios habita hoy.