Llegué a un punto donde ya no me llegan notificaciones de nadie … no sé si llamarlo paz o soledad …
Pero paz es lo que más siento
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Llegué a un punto donde ya no me llegan notificaciones de nadie … no sé si llamarlo paz o soledad …
Pero paz es lo que más siento
Un día, cuando menos lo esperaba, ella se descubrió enamorada de su soledad… Le encontró el gusto a trenzarse el cabello sin peinarlo, a vestir su bata raída y tumbarse en una olvidada silla del jardín, empezó a conversar con sus plantas mientras la envolvía el mágico y pacifico aroma de flores mojadas con café. Ese día supo que su corazón había sanado, y seguramente al mismo tiempo, a alguien en la distancia, lo abrazaba una brisa helada anunciándole que su olvido irremediablemente, había llegado… Marysol Conrado
Alejandro Diazágui
La hubieras visto como la vi yo; sonriendo cuando se puso ese vestido que tanto le gustó (y que Dios me ayude, se veía hermosa) esas mejillas rosadas (tan tierna que es) su ojos pequeños como media luna porque su sonrisa no cabía de tan grande (sigue tan inocente e intacta, gracias por eso)... Amigo mío, has perdido. Hoy la vi siendo ella, radiante y bella, tan descaradamente feliz y segura de si misma que solo pude agradecer que la dejaras; pues al marcharte ella no perdió, al contrario, se encontró y eso caballero, fue ganar mucho más.
Sé que no estoy mendigando amor, sé que no busco algo pasajero, sé que no busco remplazar mis dolores … sé que mi camino, mis dolores, mis problemas, mis traumas, mi felicidad, son míos y mi responsabilidad … y sé que lo voy a lograr en esta vida
… solo que anhelo que alguien se quede a mi lado y pueda caminar a mi lado
La idea de ya no verte más y ya no pasar tiempo juntos … me duele mucho
“No estás dejando algo atrás … solo te mueves hacia algo”
Yo soy la hija del fuego, del bosque y del tiempo.
He caminado entre árboles antiguos, dioses dormidos, y aguas que recuerdan lo que el alma no olvida.
Fui sanadora, guardiana, viajera de mundos invisibles.
Y en esta vida, he vuelto a recoger los hilos de todo lo que fui.
He sentido el peso del duelo y la ausencia.
La muerte de alguien muy amado no solo cambió mi vida: me abrió el corazón de un modo que no se puede explicar con palabras.
A veces me perdí. A veces quise rendirme.
Pero incluso en el vacío…
seguí respirando.
Y eso también fue un acto de amor.
He sostenido mi cuerpo cuando dolía,
mi mente cuando se nublaba,
mi alma cuando temblaba.
He andado sola, sí.
Pero en esa soledad encontré un espejo:
el reflejo de la fuerza que heredé de mis raíces, de mi linaje,
y de mí misma.
Hoy reconozco que todo lo que amo —las runas, las plantas, los cristales, los idiomas, la historia, las visiones—
no son hobbies:
son mis llaves.
Las puertas hacia quien he sido y quien estoy naciendo a ser.
Yo no vine a vivir como todos.
Vine a recordar.
A limpiar memorias viejas, propias y heredadas.
A encender mi fuego creador.
A honrar mi sexualidad libre, mi sensibilidad sagrada,
y mi deseo profundo de amar y ser amada con el alma despierta.
Yo soy la suma de mis vidas.
Y también soy nueva.
Cada día me reescribo.
Cada día florezco un poco más.
Mi camino no es lineal.
Es espiral.
Y cada vuelta me acerca más a mí.
Yo soy hogar.
Yo soy luz y sombra.
Yo soy legado y semilla.
Y así, paso a paso, vuelvo a mí