La estrella de la isla norte
Hannover, 1910. Lo que surge entre la hija del banquero judío Mia y el joven oficial Julius es amor a primera vista. Ambos comparten la pasión por los caballos, pero el resto de sus circunstancias parecen unirse en contra de su relación. Decididos a tener un futuro juntos, emigran a Nueva Zelanda, donde sueñan con montar un negocio de cría de caballos. Pero, cuando la Primera Guerra Mundial estalla, las sospechas de que son espías al servicio de los alemanes recaen sobre la pareja. Obligados a vivir el conflicto en campos de internamiento separados, sin certeza de si el otro está vivo o muerto, solo la esperanza de volver a encontrarse les hará seguir adelante. Lo que no saben es que después de la guerra nada volverá a ser como antes. "—¡Dispara de una vez, Julius! —gritó Helena cuando un enorme jabalí macho entró en el alcance de tiro del joven. Los ojeadores concentraban la caza dentro de un cerco formado por los cuarenta y seis invitados al dominio Grossgerstorf. Julius von Gerstorf y su prima Helena compartían un puesto de tiro, pero en ese momento ella estaba recargando el arma. En cuanto el jabalí había aparecido, había apuntado y fallado el tiro. El animal pasaba justo por delante de la escopeta de Julius. Corría aterrorizado hacia el puesto, seguido de una jabalina y una cría. El joven no podía fallar. Sin embargo, dudó. Un animal tan espléndido... tan lleno de vida... Le parecía deshonesto matarlo en una emboscada. Pero debía actuar deprisa. Cuando un jabalí se percataba de la presencia de un ser humano, podía volverse peligroso. Julius apuntó con cuidado y disparó por encima de la cabeza del animal. Helena, por su parte, ya volvía estar preparada para intervenir. Supuso que él tendría el macho en el punto de mira y apuntó a la hembra. Esta cayó, mientras que el macho y el jabato giraban hacia la derecha y pasaban de largo huyendo del cerco. —¿Cómo has podido fallar, Julius? —preguntó Helena indignada—. ¿A cuánto estaba? ¿A veinte metros? Hasta un niño lo habría alcanzado. ¡Y lo mismo pasa en el ejército! ¿Qué harás si estalla una guerra? Eso mismo se preguntaba también Julius de vez en cuando, aunque solía acertar bastante cuando apuntaba a una diana. Matar animales, sin embargo, le resultaba repugnante y, aún más, matar a seres humanos. Aun así, disponía de otras cualidades que hacían de él un individuo interesante para el ejército, al menos en tiempos de paz. Julius von Gerstorf era un jinete excelente. Servía en el Primer Regimiento de Ulanos del Reino de Sajonia y en breve iban a destinarlo al Instituto Militar de Equitación de Hannover. Un gran honor, ya que con veinte años solo era aspirante a oficial y normalmente la academia de equitación solo aceptaba a alféreces o a quienes ocupaban un rango superior. —Creo que he tropezado —se disculpó—. Qué raíz tan absurda... Pero por lo menos tú has dado en el blanco. La jabalina a la que Helena había abatido no se movía ni tampoco lo hizo cuando se acercaron para verificar su muerte. —¡Tiro de paletilla! —exclamó orgullosa Helena. —Felicidades —contestó Julius con sequedad. Entretanto, un cuerno emitió la señal que anunciaba la conclusión de la batida. Una buena noticia para Julius, pues a fin de cuentas llevaban sin apenas moverse desde las cinco de la mañana en ese bosque frío y húmedo en pleno mes de octubre. Estaba empapado y congelado, y lo mismo debía de pasarle a Helena. Pero la pasión febril por la caza parecía enardecer a su prima, y no se la veía desaliñada. El traje loden se ceñía elegantemente a su silueta y llevaba el cabello rubio recogido con gran cuidado bajo el sombrero. Pese a contar apenas diecinueve años, Helena von Gadow tenía un aspecto imponente. En su rostro diáfano y aristocrático se dibujó en ese momento una sonrisa." Read the full article














