Apretó los parpados al sentir la respiración ajena cerca de sí, ese roce aumentaba el cosquilleo en su abdomen y ese montón de emociones que no sabía explicar. No iba a negar la decepción de que el contacto no fuese en los labios pero sabía bien cómo era Yongjin y ese beso no era todo lo que quería ¿O sí?; bueno, al menos él tenia claro qué era lo que necesitaba e iba a tomarlo. Giró suavemente el rostro para volver a estar cerca, ambas manos tomaron acción al buscar tocarle el rostro y poderlo acercar. Se apoyó en la punta de sus pies para impulsarse un poco y poder tomar hablarle de cerca.
—Qué malo eres — murmuró sobre los labios ajenos antes de intentar tomar los mismos en un beso, torpe pero que mostraba esa tímidez y curiosidad por probar un poco más, por caer en los coqueteos del menor.
Podría perder más de lo que quería ganar por hacer lo que hizo pero tuvo una leve esperanza de que el otro no se conformara con un beso simplón en la mejilla. Esperó pacientemente y cuando sintió el tacto de suaves manos en su rostro, supo que tal vez no fue todo un fracaso.
Al oír que lo llamaba “malo”, las esquinas de sus comisuras se elevaron en una ladina sonrisa. Por supuesto que era “malo” pero por serlo, consiguió lo que quería.
Leve risa se deslizó de entre su par de labios. ❝ Es porque tu me obligas a ser malo, hyung.❞ — lento pero seguro, sus manos rodearon la cintura del pelinegro para tenerlo más cerca y vaya que era desesperante porque sus cálidas respiraciones chocaban. Fue un reto el mantener un ritmo tranquilo en ese ósculo que iniciaron, se contuvo porque no quería espantarlo y que se alejara como muchas ocasiones anteriores, fue despacio y movió sus carmines con parsimonia. Cualquiera diría que era un experimentado pero no, lo que pasaba es que se dejaba llevar y punto. Se permitió morder el inferior del nervioso chico que estaba entre sus brazos, pidiendo un permiso tácito para ingresar a su cavidad.