“Yulri-ssi~,” Le llama en cuanto divisa a la contraria, sentado cómodamente en una esquina del patio de la escuela mientras bebe una caja de leche de almendras. “Vaya, ¿En qué se ve tan atareada nuestra presidenta del consejo estudiantil esta vez?” ( @screxdipity ).
❝Es muy divertido ver como intentas cortejarlas.❞ Su voz es suave, pero lo suficientemente audible para el otro. Se encuentra sentado en la rama gruesa de un frondoso árbol, meneando los pies en lo alto pareciendo a simple vista un pequeño inocente, a excepción por su sonrisa burlona. ❝Puedes engañar a los demás, incluso te puedes engañar a ti mismo, pero a mi no. Sé la manera en la que me miras.❞
Una parte de él gritaba que estuviese en alerta, puesto que RyuSoo había sido de los pocos que vio su verdadera naturaleza y quizás ese pequeño detalle a la larga costaría caro. ❝ Si te quedas ahí parado como un tonto mirando, no vamos a terminar esto rápido.❞ — pero ganaba más la vocecita que le repetía que no importara cuanto dijera un chiquillo de clase baja como lo era aquel, nadie le creería. Lo mejor es que no tendría que aparentar con él. ❝ Pareces una liebre que fue encandilada con las luces de un auto.❞ — caminó hasta el susodicho y lo tomó del mentón haciendo que lo mirara de una vez. ❝ Y el auto te puede atropellar, así que apresúrate ¿Quieres?❞ — lo soltó y se volteó para caminar a la puerta de su hogar, la gran mansión aguardaba por su nuevo visitante.
Deja salir un fuerte suspiro, nuevamente estaba ahí, en el salón de detención. ❝ Eres linda pero siempre termino aquí por tus castigos.❞ — fue lo que le dijo a la muchacha que ahora se encargaba de borrar lo que estaba escrito en la pizarra. Se puso de pie y caminó hasta ella, situándose detrás y apoyando su mano a un costado de su cabeza. ❝ Esta vez no hice nada malo, Yulri.❞ — agregó en un murmuro. { @screxdipity }
send me five times kissed for a drabble about five times our muses kissed. ( @screxdipity / @springdciy )
i. quizá el ambiente debería sentirse más sombrío, con la lluvia que parecía que nunca fuese a acabarse, con las malas noticias que junghun se había acostumbrado ya a que le rodeasen, con las docenas de veces que había visto en los rostros de su familia la preocupación por él. todo debería verse más gris, pero no lo hacía. no lo hacía porque había un rayito de luz que se superponía sobre las nubes grises, que se colaba por la ventana, aclarando la habitación y, en particular, iluminaba los rostros de sus dos personas favoritas en el mundo, aquellos dos quienes hacían que la opresión en su pecho se disipara hasta desaparecer, yoohyeon y daeseok, daeseok y yoohyeon, sentados en el piso junto a él. “ hyeonie, seokie. ” murmuró después de un par de minutos en silencio —no incómodo, solo contemplativo—. silencio que había sido precedido por su confesión. esa que le había desgarrado por dentro, le había herido y lastimado hasta salir de allí, donde estaba guardada en su pecho, porque no aguantaba más estar encerrada. confesión apresurada, llena de miedo porque no podía imaginarse un escenario de rechazo, no podía imaginarse su vida sin esos dos, pero también esperanzada, de ojos brillantes y llenos de amor. “ si ninguno va a decir nada, creo que… ” avanzó un poquito, lo suficiente para estar frente a yoohyeon, y se puso de rodillas, así podía alcanzarlo con facilidad, podía poner ambas palmas en sus mejillas ( una de sus cosas favoritas acerca del escritor, sin duda ), acariciarlo un poco, tratarlo con el amor que se merecía. y le dio tiempo, tiempo suficiente para mirar con cuidado en sus ojos, buscar alguna señal de arrepentimiento, para que se apartase o le empujase, para que daeseok interviniera, quizá, pero no encontró nada de eso, sólo aquella misma tranquilidad que ambos le hacían sentir, y entonces pudo inclinarse un poco para besarlo, con cuidado, y esperando quizá que el mundo se cayera bajo sus pies justo después. no fue así, jamás lo sería. tampoco cuando se apartó, e hizo lo mismo con daeseok, siempre con todo el cariño. nada se rompió, y el mundo no cambió, no en realidad, pero junghun tenía a sus dos rayitos de sol, y aunque el mundo no hubiese cambiado, quizá era un poquito mejor.
ii. se sentía nervioso, podía verse en la manera en la que brincaba un poco de aquí para allá mientras conducía a ambos jóvenes hacia su habitación, donde mantenía guardadas sus mejores pinturas, aquellas que sólo él querría ver. él, y ellos dos. ellos dos, las dos personitas destinadas a estar con él, y a riesgo de sonar como la persona más cliché del planeta, las dos personas que más le inspiraban, que le hacían creer en el arte como la única salvación. “ quiero enseñarles algo. ” claramente, sino no les habría llevado hasta allí con tanto misterio, esperando el momento justo en que el resto de su hogar se encontrase vacío, no los habría detenido frente a la puerta para darle un beso a cada uno que hiciera que todo dentro de sí se encendiera, como cada vez que les veía. adentro les esperaba la primera de tantas colecciones de dibujos con los tres como protagonistas, pinturas completas y pequeños garabatos en hojas sueltas. a veces los tres, en ocasiones sólo dos ( le fascinaba dibujar a ambos juntos, sus manos no podían evitar plasmar las imágenes que tenía de ambos, por siempre grabadas en su memoria ). eran sus trabajos más preciados, y aquellos que nadie vería. no estaba seguro si eran más controversiales que aquellos que apoyaban con tanto fervor la rebelión, en los que retrataba a su gente, su pelea, su dolor de la manera en la que sólo él sabía hacerlo, pero sí eran más importantes. lo serían siempre. “ lo… son todo, ustedes dos. ” confesó, abriendo la puerta para dejarles ver por fin, aquello que se guardaba tan cerca al corazón.
iii. hacía demasiado frío, tanto afuera como en el pequeño hoyo que empezaba a ensancharse en su pecho. hacía demasiado frío, y no importaba cuanto más tratase de acercar a yoohyeon hacia su propio cuerpo, todavía le hacía falta uno más para ser suficiente, para sentirse calientito desde adentro. uno más que ahora se encontraba en japón, causando la inminente preocupación del menor. junghun solía ser el más positivo de los tres, tal vez porque la vida se lo había dejado fácil, le había quitado ciertas cargas de encima que los otros dos tenían que aguantar, y ésto le permitía actuar así, más tranquilo, más feliz. sin embargo, no siempre era así, en ocasiones se volvía demasiado para él y no podía evitar las lágrimas que se acumulaban en sus ojos. “ yoohyeonie. ” murmuraba, como una pequeña oración, mientras lo sacudía levemente, esperando hasta que estuviese despierto para dejar pequeños y salados besos en su cuerpo, sus clavículas, su cuello, su rostro, sus labios. un acto desesperado, buscando consuelo en el calor del cuerpo ajeno. “ tengo mucho miedo. ” confesión que sólo escucharía de sus labios entre el manto de seguridad que le brindaba la noche, pero que era tan real como su optimismo al creer que todo saldría bien, que los tres estarían bien, que su país lo estaría con ellos. “ tengo mucho miedo, y no quiero.”
iv. si pudiese tomar un pincel ahora, si pudiese hacer algo más allá de llorar, de odiar y resentir, entonces todas sus pinturas serían negras, negras con rojo y el azul más oscuro, los únicos colores capaces de representar el dolor, el vacío, la tristeza que no se iría jamás. el rojo sería entonces el amor, ese que prevalecía inclusive después de haber perdido a daeseok en lo que había sido probablemente el peor día de su vida, ese que estaba allí, tan fuerte como nunca, ese que no le permitía dejar todo atrás para seguir sus pasos porque no podía hacerlo, no cuando tenía que seguir intentándolo, y ahora no era sólo por daeseok, sino por los dos. porque en un par de horas, habría dos días igual de malos en su vida, días aún más importantes que su propio nacimiento. “ te amo, cheon yoohyeon. ” nunca pararé de hacerlo, jamás. “ te amo, eres mi mayor orgullo. ” le besó, de manera desesperada, triste y eternamente inconsolable. “ lo siento, lo siento porque no lo logramos, y siempre anhelaré el no haber podido cambiar ésto, ésto que no estaba en nuestras manos, pero viviré por ti, y por daeseok. ” prometió, hablando entre sollozos y besos, agarrándose tan fuerte del más alto que creía quizá estar haciéndole daño. no le importó. “ te amo por siempre, yoohyeon. ” te amo, mejor amigo, amor de mi vida.
v. “ ¿entonces eres tú? ” sentía que en cualquier momento iba a reventar aquella burbuja, iba a despertar de una aterradora pesadilla más. las manos en su cadera, sin embargo, le mantenían anclado a la realidad. al pasar ambos brazos alrededor del cuello del más alto, al poner sus labios juntos en un beso tentativo, pero que se sintió como el más cálido reencuentro. “ yoohyeonie… eres tú. ”
Y ahí estaba frente a la oficina de aquel hombre. No había sido llamada por el, personalmente sino que ella misma había tomado la libertad de ir a buscarlo sin un cita previa pero deseaba tratar un tema con el, solo por esa razón estaba frente a aquella enorme puerta con sus nudillos alzados.
Tomando una larga y profunda respiración, golpeó la puerta.
Los pequeños detalles siempre han sido algo propio de Seulgi, naturales en él y su romántica personalidad. Muy por el contrario, es lo grande, lo pomposo y llamativo, aquello que distingue las elecciones de Jaewon, esa chispa de energía que le caracteriza. Y por ende, es bastante obvio que su manera de celebrar una fecha tan importante para toda la familia, no carecerá de tales cualidades.
Con un plan bien elaborado en el transcurso de la semana y mucha (muchísima) ayuda de terceros, es capaz de darle vida a esa idea de la que se siente bastante orgulloso. Durante la mañana, él, su madre y su suegra se encargan de realizar compras, de limpiar y ordenar la vivienda un poco más de lo normal, dejándolo todo impecable. Después del almuerzo, una pareja de fieles clientes solicita urgentemente la presencia de Seulgi en su hogar; otra excusa más para mantenerle ocupado con la mentira blanca de que quieren remodelar todo el salón principal y necesitan de su ayuda en la elección de muebles y objetos. Al caer la tarde, Yohan y Aecha llevan a su padre de paseo por el centro comercial, el cine y el parque, manteniéndolo tan lejos de casa como les es posible. Y finalmente, cuando la noche cubre suavemente el cielo salpicado de estrellas y luces, todo empieza a cobrar sentido.
Jaewon y compañía lo han preparado todo con esmero, esforzándose por no arruinarlo. Desde la entrada principal, una cantidad impresionante de blancas velas, pequeñas y circulares, están encendidas sobre el suelo, formando un camino que asciende a través de las escaleras. Delicadas serpentinas se sujetan con elegancia del barandal, llenando de color la oscura madera; globos dorados de helio flotan encantadoramente en el pasillo del segundo piso y de los delgados hilos que penden de estos, también cuelgan tarjetas con mensajes de felicitación, escritos con impecable caligrafía, que Seulgi ya tendrá tiempo de leer después. Sin embargo, la parte más importante no es lo que se encuentra en el trayecto, sino lo que espera al final del mismo, en el amplio balcón con vista al patio trasero.
Las cortinas cubriendo la puerta de cristal ondean suavemente, los presentes contienen la respiración. Un click se escucha, la emoción es imposible de contener. Cuando la persona más querida y esperada del lugar atraviesa el umbral, todas las voces estallan al unísono, pronunciando la misma palabra:
— ¡Sorpresa! — Resuenan las sílabas en el espacio, al igual que los vítores, las canciones, los silbatos y las cálidas risas de cada persona que ama profunda y sinceramente al hombre frente a ellos. — ¡Feliz cumpleaños, cariño! — La voz de Jaewon se hace notoria, imponiéndose sobre el resto de sonidos. Son los brazos del más bajo los que rodean la cintura ajena, atrayéndolo hacia su cuerpo con cariño. Son sus labios los que depositan el primer beso de felicitación, una rápida caricia sobre la boca ajena pero que, de todos modos, siempre es capaz de demostrar el inconmensurable amor que siente por su esposo. Son sus ojos los que le observaban con infinita ternura, disfrutando silenciosamente del asombro y la alegría reflejadas en el rostro del agasajado, de la sonrisa dulce y encandiladora que cobra vida en un parpadeo. — Ven... — Murmura despacio, paciente. Los dedos del arquitecto cerrándose en torno a los contrarios, sujetándole de la mano para guiarle los pasos necesarios que le acerquen a la mesa ubicada en el centro, a ese asiento que ha sido reservado solo para él. — La cena está lista, Seulgi. Espero que la disfrutes — Bebidas ligeras, frutas frescas, carnes cocidas, patatas y arroz, vegetales, un gran pastel de cumpleaños (que definitivamente tuvo que ser comprado), no representan la comida más grandiosa del mundo, pero significan unión y afecto, gratitud y felicidad, todo lo que su familia siempre ha sido y será. // ( @screxdipity )