El cariño, el que es de los reales, el que se da sin exigir, sin mendigar, sin condiciones; ese si existe.
Queda perenne en nuestra memoria, es como si lo lleváramos en la sangre porque late al unísono con nosotros y nos mantiene vivos, ligeros en vuelo con el amor y la sensibilidad que nos mueve a hacer lo que dicta el corazón, aquello que el cariño nos pide hacer por las personas que albergadas están en nuestra alma.
No se grita, tal vez ni siquiera se diga, pero está implícito en cada acto, en cada hecho que acciona nuestras manos, nuestras miradas, nuestras caricias...
Leregi Renga

















