SMOOTH TALK (Joyce Chopra, 1985) DEATH PROOF (Quentin Tarantino, 2007)
Un plano periférico en 360º que curiosea en la idiosincrasia de los personajes y una frenética y adrenalínica persecución final, servirían para justificar el valor cinematográfico de una película como Death Proof. Los deliberados, inverosímiles y defectuosos cambios de rácord, así como un celuloide dañado y envejecido, contextualizan las imágenes y los sonidos en un momento concreto para la cinefilia nostálgica de programa doble. No es de extrañar el entusiasmo que por ella han manifestado Claire Denis, Apichatpong Weerasethakul (¿quizá por la particular e insospechada ilación que la película mantiene con Syndromes and a Century?), Arnaud Desplechin, Kiyoshi Kurosawa o Bertrand Bonello. Prosigo con otra enumeración, la de aquellos cineastas cuya impronta puede identificarse entre las múltiples y pródigas referencias introducidas en la película: Russ Meyer, Richard C. Sarafian, Paul Bartel, Monte Hellman, Peter Yates, Samuel Fuller, Sam Peckinpah, Brian De Palma e incluso el Hitchcock de Psicosis (por dos coyunturas fundamentales: una significativa fractura narrativa y la escena que Tarantino nunca rodó pero sí imaginó, en la que Michael Parks explicaría minuciosamente a su joven ayudante la patología del especialista Mike). Inevitable también mencionar Dazed and Confused, representativa y paradigmática hangout movie. Ahora bien, poco o nada se ha dicho y escrito acerca de Smooth Talk, con la que Death Proof no solo guarda una preclara correspondencia visual sino también un manifiesto ideario común. En ambas encontramos diálogos poco realistas que se perciben legítimos y elocuentes, personajes femeninos que frecuentan similares atmósferas, presencias amenazantes enfatizadas por una sonoridad estridente y motorizada, la persistente concomitancia entre hombres y mujeres de diferentes edades y estrato social que deviene en comportamientos juguetones, condescendientes y, finalmente, humillantes y abusivos (en el caso de Tarantino representados mediante una violencia explícita y no soterrada). Por otra parte, también Smooth Talk se segmenta y diverge en dos películas perfectamente cohesionadas entre sí. Desconozco si actualmente se considera o continúa relegada al olvido y la clandestinidad pero, como toda gran película, perdura y perdurará.













