gime las alabanzas a mi lengua
que en medio de sus p¡ ēr nas
que provoco con mis caricias
en la rigidez de su cl¡ to r¡s inquieto.
y sus piernas a mi cuello se abrazan.
En sus caderas el oleaje de
rebalse lascivo de sus en. trā ñās.
Y sin piedad los puñales de
extasiados por sus ganas.
Y verla sufrir de esa manera
no me basta… Y en cuatro,
en la orilla de la cama, empinada
busca profanar su c ū l 0.
con unas fuertes nāl .gā das.
Se autoproclama mi p u tā
y el tropiezo de su respirar
no le impide gritarme que quiere más.
yo soy su amo y su señor.
Mi éxtasis es saber que conmigo
es con el único que pierde su control.
Pero antes del estallido de su or gās mo,
justo allí en el límite de su eró t¡ co caos,
sus cabellos se vuelven la rienda
de mi cabalgar y sus labios reciben
el castigo de mi palp¡ tan te f ā l 0.
Hasta desvanecer su conciencia,
hasta acribillarla con el bombardeo
hasta lacerar sus paredes
vag¡ na .les con mi espeso látigo.
Si, soy un mald¡ to animal
y en cada encuentro se lo ratifico.