“Durante ese tiempo me resultaba, muchas veces, difícil la oración, deseaba que sonara el reloj para finalizar la hora de oración. Prefería hacer algo bueno o una dura penitencia antes que recogerme a hacer oración. Algunas veces me tenía que hacer una gran violencia para comenzar la oración por la tristeza que me daba. Pero precisamente, cuando me era más dificultoso el comienzo era cuando después me sentía con más paz y recibía mayores gracias"
"Sentía yo que no estaba bien lo que hacía y le suplicaba al Señor que me ayudase. Pero creo que faltaba lo más importante: poner toda la confianza en Él y ninguna en mí. Buscaba remedio, hacía muchas cosas, pero no entendía que todo aprovecha poco si no quitamos la confianza en nosotros mismos y la ponemos en Dios. Gracias a que perseveré en la oración se fueron remediando todos mis males y me fue dando Dios grandes regalos como luego diré”
~ Libro de la Vida, capitulo 8 punto 7
Santa Teresa



















