¡FELICIDADES MONSE! moonses
{/ Aquí una dedicatoria por parte de Lucy y mía <3 Sentimos un poco la tardanza, no es que sea gran cosa, pero era para decirte especialmente que eres una gran amiga ¡Y QUE ESTE LUGAR NO HABRÍA SIDO LO MISMO SIN TI! Te quelemos mucho lelele~ Aquí el escrito: }
En una esquina de aquel Palacio estaban ellos dos. Solos, las cosas eran muy diferentes a cuando había gente. Tal como las circunstancias se habían presentado, varias consecuencias especialmente provocadas por Judal habían terminado haciendo esa relación entre perturbante y excitante.
El Rey de cabellos morados no podía evitar tomar de la cintura del Magi. Inclinado hacia él debido a la diferencia de estatura, y también porque el otro pendía de su cuello, rodeándolo con sus brazos. Los dedos de Sinbad acariciaron el vientre del joven y fueron deslizándose cada vez más hacia abajo. Parecía como si esa ropa estuviera hecha para provocar. El azabache llevaba los pantalones tan abajo que eras capaz de recorrer con la mano básicamente toda su abdomen al desnudo haciendo que el borde su pantalón fuera básicamente el inicio de su pelvis.
Era detestable la mirada que siempre le dedicaba, llena de astucia y victoria y no era más que para vanagloriarse de que en aquellos juegos salía ganando. Aunque sabía que sólo sería momentáneo. E Rey estúpido no era suyo. Tampoco se daba cuenta que por mucho que hicieran por unos pocos minutos, no era tampoco que se dejara llevar, ni que por eso fuera a corromperse más. Ni siquiera podría decirse que era él quién salía ganando. Casi que eso último era el verdadero motivo del Rey de los Siete Mares, entre ello el placer del que gozaba, por el que continuaba tales locuras. Había una cosa que podía hacer con Judal y con el resto no y eso era, el simple gusto de no tener que contenerse.
Judal ladeó el rostro hacia un lado y se escapó un quejido entre sus labios al recibir un brusco mordisco en el cuello que ahora había quedado descubierto. El propio Magi se lo había desatado por detrás cuando terminaron el beso que habían iniciado. El quejido fue seguido de una pierna que se deslizó hacia arriba, para apoyarse en Sinbad con extraña delicadeza. Como si las manos que amarraban su cintura que cada vez apretaban con más fuerza estuvieran consiguiendo doblegarle. De alguna manera, así era.
Sólo que, no estaban solos del todo. Al menos, no iban a estarlo por mucho tiempo. Ni siquiera había estado dentro de los planes de Sinbad en esa visita rápida haberse entretenido con besos. Tan sólo se había acercado a Judal para preguntarle sobre lo ocurrido en Balbadd, no hacia mucho. Ni siquiera hubiera imaginado algo así, después de que le hubiera ignorado allá arriba en el árbol en la primera conversación.
La jovencita sirvienta de Judal con aquel precioso kimono bordado había ido hasta allá sabiendo que lo encontraría descansando.
-- ¡Señor, hoy le he traído un plato especial! -- exclamó asomándose por la esquina. Estaba contenta por algo.-- Hoy quise hacerle fuera de lo normal porque es mi...
Su jodido y estúpido cumpleaños.
O es así como pensó Judal cuando entreabrió los párpados que había cerrado, formando aquella expresión porque el mordisco de Sinbad había pasado a ser unos cuántos más, el doble de intensos. Lo habría dicho en alto, pero tras los suspiros no salía nada de la boca en ese momento abierta. En las mejillas siempre pálidas se asomaba un ligero sonrojo.
Era fruto de la casualidad que esa sirvienta casi siempre le hubiera encontrado en los momentos más idóneos. No sabía si garantizar que tenía suerte o él estaba gafado. Tenía la cabeza aún ladeada, cercana a la esquina; así que Lluna y él tenía el rostro a dos palmos de distancia, absortos. O no tanto, porque Judal comenzaba a reaccionar, mostrándose así mucho más que molesto.












