Hey, imagina a Severus Snape con una admiradora secreta que es un ✨ Hada ✨
¡Sería super tierno! La criaturita mágica lo vio por primera vez en el invernadero, después de una clase de herbología, donde los estudiantes las atrajeron para hacer crecer sus cultivos a cambio de pequeños presentes que les regalaban. Él platicaba con la profesora Sprout y el hada quedó flechada al instante.
Desde entonces lo observa y fueron apareciendo obsequios en su escritorio. Al principio varias alhajas de su colección personal, piedras, cuarzos. Después, al ver qué ocupaba ingredientes para las pociones, fueron pequeñas porciones de estas especies las que aparecían en su despacho.
Severus obviamente comenzó una busqueda por saber quién era el culpable de estos "regalos" ¿Algún profesor? No, le pregunto personalmente a la profesora Sprout. ¿Un estudiante? Mucho menos probable. ¿Alguien le estaba jugando una broma? Porque sería una muy extraña.
Entonces supo de qué se trataba cuando el siguiente obsequio que encontró, junto con una hoja de una extraña hierba que solo se hallaba en las entrañas del bosque prohibido, tenía un diente. Si, un diente humano perfectamente pulido.
Miro el diente, alzandolo un poco en lo alto, entre el pulgar y el índice. Lo analizó detenidamente, buscando respuestas a preguntas que no sabía hacerse aún. Luego, miro la hoja del bosque prohibido y suspiro al dejar las cosas dentro del cajón de su escritorio, ya lleno de dichos presentes.
¿Qué se supone que tenía que hacer con esto? Lo que le faltaba, una molesta criatura mágica obsesionada con... ¿Con exactamente qué de su persona? Conocía a las hadas y seguramente quería algo a cambio, pero ¿Que podía tener que esta quisiera? ¿Su cabello?, ¿Sus pestañas? Podría querer cualquier cosa... ¿Sus propios dientes? Tal vez, estaba dejando un claro mensaje con esto.
Si, genial. Tendría que pasar la tarde entera poniendo defensas mágicas ahora.
«Lo que me faltaba». Pensó con fastidio.