Sextember 15 y 19
Pues me animé a ser parte del “sextember” de Confeetyの絵. La idea es hacer un pequeño escrito por día, según la palabra que corresponda de la lista, sin que sea necesariamente sexual, pero sí sexy. Con esto espero mejorar mi estilo erótico y hacer práctica :)
Sin más, les presento dos entradas en una: Chica salvaje y Toalla.
Todos los personajes que leerán aquí le pertenecen a mi amiga Luxiartist. Para saber más de ellos y conocer a fondo a todos los bufones que ella crea, visiten sus redes :)
Lilium no estaba contenta con su trabajo, puesto que aquello bien podía ser considerado como extorsión y hasta un poco de explotación laboral. Cuando había llegado al país de Stella, huyendo de los conflictos y problemas de su tierra natal, la mujer no había pensado que terminaría involucrada con “La Corte de las Máscaras” y su líder: Memento.
Lilium odiaba a Memento. Debía de estar agradecida con él por haberle dado una segunda oportunidad en la vida, pero no lo estaba. Una vez que él supo de las operaciones secretas de su familia y los motivos por los cuales habían tenido que huir, Memento amenazó a Lilium: o trabajaba para él como su médico personal y de La Corte, o la delataba ante la justicia.
Y por eso ella le guardaba mucho rencor al hombre de la máscara blanca. Claro que contaba con buenas instalaciones y materiales de primera calidad para que ella pudiera laborar sin problemas, creando curas, pociones y remedios, e ideando venenos y polvos peligrosos que pudieran ser de utilidad a la hora de atacar a los enemigos de La Corte. Detalles como esos hacían que Lilium se resignara y aprovechara la bandeja de plata en la que le habían servido su cautiverio. Estaba viva y eso era lo que debía de importar. Muerta y desarmada no iba a ser capaz de continuar los trabajos que sus antepasados le habían heredado.
—Lilium —la interrumpió la voz de Memento—. Es hora.
Desde el momento en que Memento supo de las habilidades de Lilium en el campo de la Medicina, supo que la quería en su equipo. Habiendo nacido y vivido con una enfermedad cutánea tan cruel como a la que él lo había marcado, el hombre sabía que debía de aferrarse a cualquier posibilidad de hallar consuelo, una esperanza de dar con alguna cura, por imposible que pareciera.
Para él, esa esperanza era Lilium.
A pesar de lo ruda y grosera que la chica podía ser con sus manos y palabras, también era un genio en arte de la Herbolaría y la innovación médica; tenía los conocimientos necesarios para que él no dudara en permitirle experimentar alternativas nuevas o remedios antiguos que pudieran ayudarle a sobrellevar resequedades, cuarteamientos y dolores que, sin Lilium en La Corte, serían una verdadera tortura.
—Siéntate —indicó la médico, pasando a la salita privada donde atendía el caso de Memento.
Él sólo torció el gesto. Lilium podía ser civilizada y una verdadera mujer de etiqueta delante de otros, pero, con él, la chica se comportaba como una salvaje, con la educación más rudimentaria en su trato.
Ciñéndose la toalla que llevaba atada a las caderas, Memento se sentó en la mesita que Lilium le indicó.
—Hoy voy a probar un nuevo ungüento —informó ella, dándole la espalda a su jefe y paciente mientras buscaba entre las estanterías el frasco donde había dejado la medicina. Solía ser organizada, pero con todo lo referente a Memento se permitía ciertas libertades que escandalizarían al resto de su familia de doctores.
—Bien —aceptó él.
Cuando Lilium se giró, intentó que sus ojos no repararan demasiado en la figura de Memento, vestido únicamente por la toalla y su máscara. Ella podía ser hiriente y decirle que se la quitara, que lucía ridículo y que de nada le serviría durante sus consultas médicas. Pero optó por no decir nada. La verdad era que esa máscara le ayudaba mucho a ella para no tener que verlo a la cara, así como también le facilitaba el pretender que no sentía sus ojos oscuros sobre ella.
Colocándose detrás de Memento, de cara a la amplia espalda del hombre, Lilium se embarró las manos con la crema experimental.
—Esto no debería de doler —dijo la mujer.
Memento apretó los labios, intentando no quejarse. La pomada se había sentido muy fría y hasta un poco grumosa contra su delicada piel. Nada ganaría diciéndole a Lilium que tuviera la decencia de calentarla un poco con las manos antes de untársela, y por eso mismo guardó silencio. Sólo le quedaba esperar que la mujer lo respetara lo suficiente como para no herirlo mientras trabajaba.
Lilium odiaba a Memento. Pero era un odio que no le permitía lastimarlo físicamente. Él era su captor y empleador, así como su salvador y rescatista. Y sucedía que Lilium también odiaba su necesidad de sentirse a salvo y acogida por el sujeto y la familia de bufones que conformaban La Corte. Resultaba sencillo comer en silencio con Desperatio y ver al más joven de todos, Carpe, sacar de quicio a los adultos y miembros más veteranos con sus juegos y ocurrencias. Incluso, Lilium solía interesarse en conocer las rutinas de entrenamiento de la fiera Bellum, así como tratando de adivinar cómo Jester se había hecho tal o cual cicatriz. Todas esas eran cosas sobrellevables que ayudaban a Lilium a olvidar que estaba en la Ciudad Luna en contra de su voluntad y bajo amenazas. Lo que no era sencillo era acallar la voz de su interés hacia Memento. Él era el miembro más antiguo de La Corte, casi un fundador, y había conocido a varias de las personalidades que la habían erguido a ella y a la nación. Había asesinado, confabulado, sufrido y amado toda la vida detrás de una máscara, siendo una sombra para reyes y amos que no habían hecho más que considerarlo un arma y repudiar la condición en que un síndrome adquirido durante la gestación le había dejado.
Cualquiera que fuera la historia de Memento, era una que a Lilium le intrigaba mucho. Jester no había tenido problema en contarle cómo una anterior pareja suya había estado a punto de rajarle la garganta durante un encuentro sexual, y para nadie era un secreto que Desperatio era un arromántico decidido que prefirió fingir su muerte y cortar todos sus lazos con amigos y familia antes de aceptar una boda y matrimonio en los que él no quería ser participe. ¿Pero cuál era la historia completa de Memento? ¿Cuáles eran sus verdaderos motivos y los orígenes detrás de éstos? Lilium lo había visto prácticamente desnudo medio centenar de veces y acariciado de forma no sexual mientras luchaba por ayudarlo a encontrar una cura que los liberara a los dos, y ni siquiera sabía cuál era la relación de ese hombre con la Reina y su princesa.
Lilium prefirió que sus pensamientos no le recordaran la desnudez de Memento, cubierto sólo por la toalla mientras ella usaba las palmas de sus manos para esparcir la medicina, y las puntas de sus dedos para masajear y aliviar músculos tensos.
Odiaba a Memento por la mucho que él la intrigaba.
—¿Cómo te sientes? —preguntó ella de forma abrupta.
—Bien —admitió el hombre, distraído por lo reconfortante que, por una vez, los dedos de Lilium se habían sentido sobre su piel.
—Perfecto —dejando el frasco con la crema nueva a un lado de él, Lilium se apartó de la mesa—. No voy a untártela en la cara; tú solito puedes hacerlo. Pero sí continuaremos usándola cada dos días, esperando ver resultados.
—De acuerdo —respondió Memento, quitándose la máscara.
—Vístete cuando termines y sal —se apresuró a añadir Lilium, repentinamente nerviosa y ruborizada ante un Memento desenmascarado—. Tengo otras cosas que hacer.
Sin darle tiempo a su paciente de decir más, Lilium se retiró para dejar que Memento continuara solo.
Él quiso suspirar cansadamente cuando ella se fue. Si Lilium no fuera una chica tan salvaje y él no estuviera usando sólo una toalla por toda ropa, hubiera sido agradable agradecerle sus atenciones. Por un día, se estaba sintiendo mejor. Y todo había sido debido a ella y a sus manos conocedoras.
Aunque nadie tuviera el valor de decirlo en voz alta, Lilium era una verdadera bendición para La Corte y uno de sus mejores miembros.
Y, en silencio y sin su máscara, Memento agradeció el momento en que decidió añadrila a su familia.
*Lucia me explicó que Memento nació con una condición llamada “Síndrome de arlequín” o Ictiosis arlequín. Es una enfermedad genética rara de la piel caracterizada por escamas grandes y gruesas que aparecen en toda la piel, como a su vez se nace con los párpados volteados por lo que en lugar de ojos se observan los párpados totalmente rojos.
Pobre Memento :( Pero aún así lo queremos. Y mucho UwU













