Por allá de septiembre, me animé a ser parte de un reto de escritura creativa. La idea era hacer un pequeño escrito por día, según la palabra que correspondiera de una lista. Aunque no logré completar el reto (fue cuando viaje a Linares, regresé para la Feria del Libro de Monterrey y luego visité Matamoros), este es uno de los escritos que sí logré hacer y que más me gustó.
Sin más, les presento la primera entrada: Porrista :D
Ambientado en un AU que mezcla los personajes de “Unitana”, de mi amiga Olindart y míos. Nada es canónico; sólo son excusas para ver a Jareth compartiendo escenas con Ecua UwU
Espero que lo disfruten :’D
—¡Estoy listo! —sonrió Ecua, exhibiendo la ropa que había escogido para la práctica del día.
Jareth miró a su amigo de los pies a la cabeza apenas lo vio salir del cuartito donde sus estudiantes de pole fitness se cambiaban.
—¿Y de dónde sacaste el uniforme? —el hada arqueó una ceja y evitó una sonrisita, que, si bien no llegó a sus labios, sí lo hizo a sus ojos ambarinos.
—¿No te gusta? —se entristeció el líder amarillo de los Reales Neutrales.
—¡No, no estoy diciendo eso!
El uniforme de porrista de Ecua era… revelador. Permitía que los cuadritos de su abdomen se presumieran como era debido y que sus musculosas piernas se lucieran. E, incluso, la blusita contaba con un escote que no dejaba nada a la imaginación. Que el presidente decidiera acompañar el conjunto con una gargantilla de tela era sólo la cereza en el pastel. ¡Qué lástima que Ecua hubiera preferido quedarse en calcetas para resbalar bien sobre el suelo del salón donde los dos practicaban, en lugar de optar por unas buenas agujas! Jareth odiaba las calcetas. No podían ser sexys. Pero Ecua seguía sin animarse a usar tacón, así que no había de otra…
—¡Pensé que se vería lindo! —exclamó Ecua, ruborizado y avergonzado—. ¡Fue lo único que encontré en mi talla! ¿Tienes idea de cuánto he batallado para que mis sastres consigan la ropa que me pides…?
—¡Ya, Ecua, ya! —Jareth se apresuró a acercarse a su alumno-mejor amigo antes de que éste se pusiera a lagrimear y manchara el uniforme blanco con amarillo—. Te ves adorable —sonrió—. ¿Venía con pompones, o tenemos que hacerlos después?
—Venía con pompones —respondió Ecua, más repuesto y señalando con la cabeza hacia el cuartito que acababa de abandonar. Ahí había dejado los accesorios que no iba a necesitar.
—A Tomi le van a encantar —comentó Jareth—. ¡Todo tú le vas a encantar!
—¿De verdad lo crees? —Ecua sonrió de una manera tan radiante que Jareth sintió que alguien había encerrado al sol detrás de la máscara de su amigo.
—Absolutamente. La vas a dejar sin palabras.
El señor E. Unitana, Presidente de Newsport y líder del bando en el que había nacido, se ruborizó, dio brinquitos y comenzó a entusiasmarse por la sesión privada de clase de tubo exótico que Jareth le había preparado. El maestro había elaborado una coreografía sencilla para que su alumno perdiera el miedo a resbalar por el tubo y el suelo sin problemas. A pesar de lo rápido que Ecua aprendía, el pobrecillo seguía paralizándose al oír el chirrido de su piel contra el acero del poste al momento de deslizarse por él, o ante la sensación de haber perdido el pie en un giro especialmente rápido.
—¿Calentaste bien? ¿No te faltó estirar nada?
—No, señor —Ecua ya sujetaba con afán uno de los cilindros de la habitación—. Estoy listo.
Y claro que lo estaba. Incluso había conseguido un atuendo coqueto para la ocasión. Cuando Jareth le habló de preparar una danza de “apareamiento-slash-cortejo” para que Ecua pudiera tratar de seducir a Deltomi T. Toden (alias Tomi), la granjera de la estaba enamorado, como las aves convencen a sus parejas, en realidad había pensado que Ecua llegaría con algo más dominante. De haber sido su elección, Jareth habría electo pantalones muy pegados y pecho desnudo, en vista de lo bien formado que Ecua estaba gracias a su magia de espíritu de alicornio. Pero lo importante es que, como porrista, el joven rubio y de piel clara tenía la suficiente carne y piel, en brazos y piernas, como para sostenerse con fuerza y hacer buen agarre contra el tubo.
Jareth miró a Ecua, la manera en que ya no tenía inseguridades para echarse al suelo y hacer sentadillas, sosteniéndose con el tubo y las puntas de los pies; tampoco las tenía para treparse, usando la fuerza de sus varoniles brazos y el impulso de sus bien marcadas piernas. Ni tenía pudores tontos al momento de bailar. De una manera, Ecua se había vuelto adicto a su reflejo en los espejos del salón, mientras hacía las figuras y posturas que el maestro le marcaba. Su seguridad resultaba casi tan atractiva como los movimientos de cadera y cintura del presidente.
Y no es que Jareth mirara a su amigo de una manera romántica, pero él era un hombre que sabía apreciar la belleza (puesto que la veía cada vez que su rostro se reflejaba en alguna buena superficie) y Ecua era hermoso. Que Tomi no pudiera apreciar los encantos de Ecua era una lástima, porque el vaquero dorado era dueño de una sonrisa de ensueño, de unos brazos que podían levantar pesos increíbles y de unas piernas que podían ser la envidia de cualquier modelo o actor porno. Eso, sin mencionar sus posaderas. En una segunda revisión, el traje de porrista le iba a maravillas a Ecua…
—¿Viste, Jareth? —exclamó Ecua, deteniéndose de golpe en su baile—. ¡Lo logré!
Jareth sonrió. Ecua en verdad lo había logrado. Por primera vez en los días en que llevaban pensando e ideando los movimientos de la coreografía para enamorar a Tomi, Ecua había logrado invertirse en el tubo, haciendo uso de sus manos y brazos para poder sostenerse, abriendo las piernas hacia arriba y los lados.
—¡Pero no te detengas! —exigió Jareth, regresando al modo “sensei” que, a veces, olvidaba aplicar ante su amigo cuando éste sonreía—. ¡Y no se te olvide marcar las puntas! ¡A nadie le gusta un teibolero que muestre los pies! ¡Puntas, Ecua, puntas!
—Puntas, sí —concordó Ecua, regresando a lo que estaba haciendo, aunque su cabeza ya estaba muy lejos, pensando en lo sonrojada que Tomi quedaría cuando viera todas las cosas que él había aprendido por ella. Ya no sólo sería un excelente prospecto a marido con dinero y tierras, pero también uno capaz de ayudarla en la granja y entretenerla a puerta cerrada. La idea lo ruborizaba a él mismo, en la misma y escandalosa medida en que lo entusiasmaba.
Ni él ni Jareth habían considerado cómo le harían para que Tomi pudiera ver bailar al presidente… Pero algo se les iba a ocurrir. Quizás Holo Uni y Mate Tana no querrían ayudarlos a “robarse” a la chica por unos minutos, pero siempre habría alguna manera de que Tomi solita decidiera llegar a casa de Jareth, a su estudio de baile en territorio Sacrificado. Ya antes, la granjera y su cerdo Gust habían llegado de visita para ver cómo estaba el exótico chico que pidió asilo político por una temporada en aquellas tierras; Jareth confiaba continuar siendo de la buena estima de la joven como para que ésta acudiera a ver bailar a Ecua por cuenta propia.
—Ecua… —suspiró Jareth al ver que el presidente volvía, muy feliz, a invertirse sin mantener la firmeza de sus pies en punta—. Me encantas y de verdad quiero ser padrino en tu boda… ¡Pero necesitas hacer puntas, corazón! ¡Nunca vas a enamorar a Tomi si no haces puntas!
—¡No digas cosas así! —berreó Ecua, soltándose del tubo y mirando a su amigo-maestro con verdadera preocupación en los ojos.
—A ver —Jareth tomó el tubo al lado del que Ecua ocupaba—. Mira cómo lo hago yo y trata de repetirlo. Lo haré primero con los pies en punta y luego como lo estás haciendo tú, para que veas la importancia de corregir tu error.
—De acuerdo —asintió el presidente, adoptando la cara más seria de toda. Después de todo, casi que sentía que su boda con Tomi dependía de aquel baile.
Y, no por primera vez desde que Ecua decidió comenzar a visitar a Jareth, agradeció que el hada no fuera otro pretendiente de su chica ideal, sino un muchacho cuya amistad era verdadera, con intenciones honestas de verlo feliz y realizado, junto a la mujer de sus sueños. Porque, al final del día, no había nada como saber que contaba con confidente y amigo en tierras sacrificadas, y en tierras del Reino del Otoño. Quien sabía… Quizás, más adelante, cuando los hijos llegaran, él mismo podría proponerle a su familia acudir a visitar a Jareth, cuando su vida se pusiera en orden, cuando la situación de su país se calmara, y contarle a sus hijos cómo fue que “su tío” le ayudó a conquistar a su madre, cuando ésta más elusiva se había vuelto.
—¡Ya vi! —se sorprendió Ecua. De verdad hacía mucha diferencia cómo se veían sus pies si no los mantenía apuntados.
—Te verás más guapo si dejas de hacer lo que estás haciendo y te marcas bien —aseguró Jareth, volviendo a ponerse sobre sus dos pies entaconados.
Ecua tomó el tubo con dos las dos manos y…
—¿Podemos hacerlo juntos? —preguntó a Jareth—. Siento que me saldrá mejor si me marcas los movimientos.
Sin perder el tiempo, Jareth se sacó por encima de la cabeza la camisa de tirantes que había estado usando para estar cómodo y soportar el calor de Newsport.
Y así fue cómo, dos machos sudados, flexibles, atléticos y hermosos, uno en uniforme amarillo de porrista y el otro sin nada más que sus tacones y leggins, siguieron ideando maneras de enamorar a la chica de cabellos rosas que, sin quererlo ni deberlo, había enamorado al presidente más persistente de todos.
Y mientras ellos seguían ensayando, Tomi ni siquiera se esperaba la cardíaca sorpresa que Ecua le preparaba.
Tengo más escritos de estos dos que he hecho por mera diversión... Quizá viene siendo tiempo de que el mundo los conozca :P