Soixante-quinze patriarches m'ont précédé sur ce siège d'Antioche. De nombreux autres m'y succéderont. Je ne serai pas le maillon qui aura cédé.
Patriarche Nasrallah Boutros Sfeir, 76e patriarche de l’Eglise maronite (1986)

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Soixante-quinze patriarches m'ont précédé sur ce siège d'Antioche. De nombreux autres m'y succéderont. Je ne serai pas le maillon qui aura cédé.
Patriarche Nasrallah Boutros Sfeir, 76e patriarche de l’Eglise maronite (1986)
Zap Zap Actus des 1&2 octobre. #aznavour #sfeir #gerardcollomb etc. https://www.instagram.com/p/BodtnWyhROV/?utm_source=ig_tumblr_share&igshid=1pdfsqcd3jh91
Claude Sfeir is a Collector’s Collector
“The Henry Graves was the Mount Olympus of watchmaking in quality, rarity and complexity,” said Mr. Bacs, who had left Christie’s as its head of watches to start his own consulting firm.
(If high-level watch auctions are something of a spectator sporttoday, it is largely thanks to these two men. At major sales, chances are the hammer will be held by Mr. Bacs, whose Bacs & Russo consultancy is…
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Jornada Laboral y Productividad
Me parece importantísimo el debate nacional que se está gestando sobre la jornada laboral. Pero hay que ir mucho más allá de las horas de trabajo. Hay que debatir sobre el bienestar en el lugar de trabajo, las relaciones humano-laborales, la ética laboral, salud laboral, vivienda, transporte público... Muchos se enfocan solamente en la variable productividad; naturalmente que es importante, pero no existe claridad en cómo aumentarla, ni de la relación exacta que existe entre menos horas de trabajo y productividad. También se habla de educación, entrenamiento... y sus impactos en las productividad. Eso es lo tradicional, y hay que abordarlo. Sin embargo, para mí, la productividad se aumenta y se sostiene en el tiempo, además, a través del aumento constante de la "productividad de tiempo libre" (el ocio, como dicen algunos). Así es que menos horas de trabajo, acompañado de tiempo libre de mala calidad, sólo se traduce en estrés, depresión, conflictos, frustración, bajo rendimiento... Por lo tanto el debate debe incluir también las acciones e inversiones que debemos hacer en los bienes públicos y colectivos que generan bienestar durante los periodos de descanso (ej., vacaciones, fines de semanas), tales como arte, música, deportes, diálogos ciudadanos, mejoramiento de los barrios y ciudades, acceso libre a los bordes costeros, lagos, montañas, etc. Es aquí donde la calidad de los bienes y servicios ambientales juegan un papel preponderante (ej., paisaje, calidad del aire y agua, bosques nativos, parques nacionales, áreas verdes, ciudades inteligentes, etc.). Una sociedad sustentable es la mejor política laboral.
El Problema de Chiloé
Si no tenemos la capacidad como país de resolver la problemática levantada por nuestros herman@s chilot@s y, en particular, por los pescador@s artesanales, no tenemos, ni tendremos, capacidad para solucionar nada. Este es un problema que va mucho más allá de Chiloé. Es una enfermedad económica que tiene contagiado al país entero. Todo el país debería estar abocado a esto y resolverlo ya; las prioridades inmediatas (bienestar humano), como también una definición clara del camino a seguir en el mediano y largo plazo. ¿Cómo creen ustedes que USA, Canadá, Suecia, Dinamarca, Noruega, Australia… habría abordado una crisis de esta naturaleza? Es muy preocupante como se ha abordado este problema: marea roja y bonos. Sin negar la importancia de ambos, y sin negar las dificultades que demandan ambos, este conflicto deja de manifiesto los resultados de un camino erróneo que está siguiendo nuestro país –modelo económico, falta de sustentabilidad, asignación de derechos de propiedad costera inadecuado, ausencia de una política nacional de manejo y conservación de nuestros recursos naturales, pérdida del equilibrio humano cultural, miopía en la asignación de prioridades, ausencia de regionalización…. Echarle la culpa a la naturaleza es irresponsable. Y aunque fuese así, deberíamos tener una política consensuada de cómo abordar todas las dimensiones de un desastre natural. Que el país y nuestros conocimientos científicos no tengan una respuesta, ya dice bastante sobre las políticas, las prioridades, y el financiamiento de la ciencia, investigación, tecnología, emprendimiento… Hoy, se pone más energía en evitar la presentación real y verdadera de una crisis humano natural profunda, levantando solamente las preguntas que dejan en el vacío un debate que debe dar lugar ya! No hay que esperar a que se aclare el origen de la marea roja, o que estemos preocupados de cómo vamos a disculpar actores económicos, o aplazar la identificación de los orígenes y aceleradores de esta crisis. Estamos dominados por un modelo que se desmorona. Lo importante en este momento es el bienestar de las comunidades, de los que viven del mar… Chiloé debe ser nuestro modelo integrado de sustentabilidad humano, natural, cultural, económico, institucional y espiritual del país. De cómo queremos abordar nuestro futuro. Una acción concreta e inmediata, reasignemos los fondos millonarios del Puente del Chacao para resolver lo que realmente es importante: el bienestar de nuestra gente, nuestra identidad cultural, balance ecológico, etc. Otra, reasignar parte de los fondos reservados del cobre para paliar de forma inmediata los impactos humano sociales de desastres naturales como este. Finalmente, la aprobación de una ley de la republica que crea un Fondo Nacional Para Abordar Desastres Naturales, de fácil acceso e implementación por parte del Ejecutivo.
Una Alimentación Sana, Una Nación Sana
Nuestra alimentación es probablemente la base principal que determina nuestra calidad de vida, tanto a nivel individual como colectivo. Una buena alimentación es la esencia que finalmente define y transforma el estado real de nuestro cuerpo, mente y alma, ¡nada más ni nada menos!
Desde una perspectiva cotidiana, es evidente que en Chile hay una gran inequidad asociada a la alimentación. Esta inequidad se siente en todo momento y se paga principalmente a través de las enfermedades, de los altos costos en los servicios de salud, y muchas otras cosas más.
Si decidimos soberanamente que una buena alimentación es el objetivo primordial de nuestra nación, veremos que habría que enfocarse en, por ejemplo, el clima, la agricultura (transformación casi total), las semillas, la pesca y la piscicultura, la producción y procesamiento de los alimentos, la ganadería, la disponibilidad y calidad del agua, la conservación de nuestros suelos, la descontaminación de nuestros ríos y mares, la protección de los glaciares y bosques nativos, nuestras yerbas medicinales, el uso de aditivos y adictivos, la utilización de químicos en toda la cadena de la alimentación, las importaciones de alimentos y productos a fines, el uso de la sal y del azúcar…
Más aun, habría que enfocarse en los hábitos que tenemos y como ellos son afectados por el trabajo, la promoción de formas orgánicas y limpias de alimentarse, la educación a todo nivel, la asistencia familiar en materias de nutrición, la alimentación de nuestros niños en todos los ámbitos públicos y privados (lactancia, parvularios, pre kínder, kínder, etc.), la alimentación de las mujeres embarazadas incluyendo pre y post natal, la alimentación de los adultos mayores, la información que se nos proporciona como consumidores de los ingredientes en todos nuestros alimentos…
Lo que estoy tratando de decir es que la alimentación puede ser un eje fundamental alrededor del cual cientos de actividades pueden ser definidas, organizadas, y mejoradas, con un gran impacto en el bienestar de todos.
Los impactos que todo esto tiene en materia de políticas económicas y sociales son inmensos, y valdría la pena ponerles muchísima atención. Sólo para muestra un botón: una preocupación especial por nuestras semillas chilenas fértiles y por programas nacionales de conservación, almacenaje y disposición de semillas de alimentos a todo nivel.
Otras muestras, otros botones, son TODO lo que tenemos que hacer en relación al cambio climático, manejo de nuestras cuencas hidrográficas desde el glaciar hasta el mar, nuestro ordenamiento territorial en defensa de nuestras tierras eminentemente agrícolas, nuestra pesca artesanal y el consumo de proteínas de nuestra población…
Como decía un gran sabio hindú “somos lo que comemos, y mientras más comemos “eso” más nos transformamos en “eso””. Juntos pensemos seriamente en nuestra alimentación.
EL MIEDO A CAMBIAR
No hay miedo más fuerte que el asociado al cambio de uno mismo.
La mente inventa TODO lo necesario para justificar que no cambiemos.
No pareciera así. Sin embargo, le he preguntado a mucha gente si quieren cambiar, y la respuesta es en un noventa y nueve por ciento que SI. Pero cuando se les propone los cambios que necesitan uno ve un cambio de actitud marcadísimo; pareciera ser que lo menos que queremos es cambiar, evolucionar, transformarnos, y alcanzar estados diferentes de consciencia.
Por experiencia propia, sé muy bien que estos cambios no son fáciles, y que no se termina nunca de cambiar. Ellos requieren de claridad sobre el horizonte a alcanzar, eficacia en los instrumentos que decidimos ocupar, y una disciplina férrea para mantenerse en el camino trazado.
Lo mismo pasa a nivel colectivo. El cambio mío no es independiente del tuyo. Todo es un proceso de transformación mutua. Somos seres interdependientes.
La interdependencia abraza todas las formas de vida que afloran en nuestra nación y nuestro planeta.
Hoy, desde el punto de vista de las personas, la transformación colectiva es importante ya que debemos compartir miles de bienes públicos que nos pertenecen a todos (el aire y el agua). Entre ellos están todos nuestros recursos naturales y los servicios del medioambiente (aire limpio, agua limpia). La situación de Chile es muy compleja porque la riqueza material nuestra depende del acceso y de la propiedad de esos recursos (Ej., en manos de quien están ellos), y de los esfuerzos permanentes que se hacen para mantener el estatus quo –no cambiar para que estos recursos sigan en las mismas manos—es una gran fuente de inestabilidad humana y social; Ej.: la riqueza está muy concentrada en Chile.
El cambio colectivo es aún más problemático cuando debemos volver a un estado anterior, es decir volver hacia atrás (no en un sentido lineal). Este es el caso de una transformación que requiere eliminar los alimentos transgénicos y volver a nuestros productos orgánicos. Se hace prácticamente imposible. Las fuerzas del “no cambio” florecen como las flores durante la primavera.
Otros cambios difíciles son aquellos que demandan un golpe de timón respecto a nuestros estilos de vida y a las nociones de progreso y bienestar.
La transformación colectiva como nación tendrá sus frutos como un resultado de la auto-realización de los valores colectivos, especialmente los de la solidaridad, equidad y la justicia.
Lo que observamos vivamente hoy es que la política en Chile no está dispuesta a evolucionar. Apoyada por un sistema económico neoliberal ciertamente disminuye toda chance de un cambio social real.
Romper los esquemas existentes es una labor titánica donde hay muchas opciones a ejercer. Una de ellas es el cambio en el sistema neoliberal; un cambio en la economía y el sistema económico. Un cambio muy lejos de ser automático. La única opción es la sustentabilidad del desarrollo.
Otra opción es cambiar la consciencia de los actores económicos, políticos y sociales. Esto se dará a través de una integración real entre la espiritualidad, la economía y la política, y como resultado de un empoderamiento real de la ciudadanía.
No debemos tener miedo al cambio social. Éste es como la levadura que enriquece el pan. El cambio social es importantísimo para tener una sociedad armónica y en paz. El cambio económico en sí mismo no nos lleva a buen destino. Por lo tanto, no podemos seguir pensando en una forma de prosperidad que genera conflicto e inestabilidad social y que destruye nuestro medioambiente.
Un nuevo “contrato social” debe emerger pronto: fuerte, claro, y consensuado.
Finalmente, parte de este cambio, que todos esperamos, tiene que estar anclado también en la noción de una sociedad ecológicamente equilibrada. La ecología natural y la ecología humana van ligadas una a la otra. Son inseparables. La desaparición de la ecología natural implica automáticamente la desaparición de la ecología humana. Ambas tienen el mismo origen.
El llamado es claro y el momento es ahora.