«El místico ve y siente a Dios en cualquier piedra o gota de agua y por ello no necesita un trozo de pan especial, consagrado, para ganar acceso a Él. Al gozar del amor divino como un modo de su propia existencia, no tiene razón alguna para pedir perdón dentro del marco institucional de la confesión. Tiene una actitud espontáneamente despectiva hacia todo el aspecto litúrgico y sacramental de la vida religiosa. En resumen, un místico radical, por el hecho mismo de su unión con Dios y sin necesidad de decirlo, pone en duda la legitimidad y la necesidad de la Iglesia, cuando no la hace parecer claramente dañina».
Leszek Kolakowski: Si Dios no existe... Tecnos, pág. 105. Madrid, 1995.
TGO
@bocadosdefilosofia
@dias-de-la-ira-1











