Ladies & gentleman: sean bienvenidos al club de los hipocondriacos
Es un hecho: cada vez hay más gente hipocondriaca en este mundo. Y para qué decir en Chile. Uf. Mientras la medicina y la salud crecen gracias al marketing, gracias a las enfermedades reales de esta época causadas por estrés, la mala alimentación y el sedentarismo. Al mismo tiempo también se multiplican las enfermedades imaginarias. Provocadas por el miedo a tener (o contraer) una enfermedad, al punto que percibimos los mismos síntomas. Y los creemos reales.
Hace varios años viajaba en el Transantiago con una amiga, y mirando por la ventana le comenté: “yo no podría vivir aquí”. En medio de un grupo de casas, había un anuncio gigante de una clínica ofreciendo exámenes para enfermedades que, si no me las nombran, ni me entero de su existencia. Pero si me las nombran o las leo, empiezan a rondarme como moscas. Moscas imaginarias, pero moscas al fin.
Y sí: soy hipocondriaco. Es más, me ahorraré un montón de historias personales al respecto. Absolutamente patéticas. Donde he ido a parar frente a doctores, que, luego de cerrar la puerta, seguro se retorcieron de la risa.
Pero traigo una bella noticia. Hace pocos días conocí un amigo que me confesó ser hipocondriaco. Y llegamos a la conclusión que lo mejor para nuestras vidas es contarnos nuestros temores imaginarios. Porque solamente al sacarlos y ponerlos de pie en la realidad, nos damos cuenta lo ridículos que son. Y que hemos sufrido gratis.
De hecho, por el bien de la humanidad hemos decidido fundar un club de hipocondriacos anónimos. Es la única forma de curarnos, y de pasadita, reírnos un rato.
Sean todos bienvenidos.
Escrito por: Fernando Osorio redactor de Silvestre & Coqueta.














