Su padre intentó tranquilizarlo mucho antes diciendo que todo estaría bien, que no haría ninguna clase de preguntas incómodas o mencionaría a su familia para romper el momento agradable. Tampoco es como si Arthit les ha explicado abiertamente lo sucedido aquel día que conoció a los progenitores de su novio, dejó en claro que no fue bien recibido y nada de eso era culpa de Keitaro. Ha pasado un largo tiempo en el que organizó algo similar, a pesar que ha salido con varias personas no solía presentarle a sus padres; no quería molestarlos, sobre todo si resultaba ser un amorío que terminaba en tragedia. Sin embargo, está vez se sentía distinto, la forma en que su relación se ha ido desarrollando distaba de experiencias pasadas. Motivo principal de sentirse ligeramente nervioso. Rascó su cuello cuando el rostro del pelinegro apareció en su periferia, casi brincando hasta él. “Vamos, nos están esperando...” mordió su labio inferior antes de saludarlo con un beso en los labios. “Me parece que Neo vendrá más tarde, podemos empezar sin él” las palabras que salen de sus labios le saben a mentira, malestar en la punta de su estómago permanece con el paso de los días, sus padres mencionaron que le recordarían la cita. No está dispuesto a permitir que le arruine el día así que deseó sacarlo de sus pensamientos y entrelazando sus dedos con los de su novio, se giró para hacerlo entrar sin más preámbulos. “Aunque ya conoces mi casa, puedes fingir que es la primera vez que vienes” susurró por lo bajo cuando los susurros familiares empezaban a resonar por la habitación. Su madre fue la primera que les dedicó una amplia sonrisa, yendo hasta el sitio para recibirlo con un abrazo y apretón de mejillas. ‘Eres tú, ¿el famoso Keitaro? Mucho gusto...’ Arthit abrió los ojos mirando a Chai para que pudiera ayudarlo, no quería que lo asfixiaran antes de tiempo.