El falso perfume a intimidad
Pierre Sorlin, en El siglo de la imagen analógica, introduce la diferenciación entre imagen sintética o pictórica, imagen analógica, e imagen digital. En primera instancia nos dice que la imagen sintética, era aquella que condensaba una idea, ya fuera simplificando para mostrar sólo lo esencial, o reagrupando en una misma superficie los momentos sucesivos de una acción. La síntesis era tanto dinámica como simbólica, de esta manera se podían plasmar en una misma obra, todo aquello que para los contemporáneos tenía valor testimonial.
Por su parte, la imagen analógica, es decir el conjunto de las representaciones provenientes de la fotografía, causó, a partir del segundo tercio del siglo XIX, una mutación en la representación. Estos cambios en principio se debieron a los matices introducidos por el sistema óptico: la fotografía decía ser "infiel", puesto que el objeto fotografiado podía resultar desemejante al objeto de la realidad al utilizar distintas longitudes o distancias focales. Sumado a esta apreciación, la fotografía dejaba de lado todo el fin sintético de un suceso, mostrando únicamente una parte del mismo. Según Sorlin, "corresponde a un objeto o a un fragmento del universo del cual es huella".
Ambos tipos de imágenes, si fueran enfrentadas, difieren radicalmente en lo que supone su objetividad. Entre las características el autor observa que: el uso del dispositivo fotográfico no supone de ningún aprendizaje difícil, por ende es una actividad sencilla que cualquiera puede llevar a cabo; la imagen analógica es reproducible a bajo costo, causante de la gran difusión y de la desvalorización frente a la imagen pictórica que era única y original; imagen analógica explora lo que el ojo humano no percibe; y finalmente ésta capta el tiempo, está en condiciones de detenerlo, hacerlo regresar a su fuente o acelerarlo.
Ahora bien, respecto al reconocimiento y/o interpretación de las mismas, tanto el observador de la imagen sintética como analógica, construye formas a través de las cuales la imagen puede ser asimilada a una experiencia sensible, pero la pictórica supone un saber previo, mientras que la analógica se revela por sí misma en un simple "vistazo". Frente a la imagen pictórica, el espectador debía movilizar su conocimiento de los códigos utilizados en su medio, mientras que en la imagen analógica, tuvo que ejercitar su sentido crítico, evaluar, tras la ilusión de la evidencia, las distorsiones impuestas a lo real.
La imagen informática, también llamada digital, produjo una ruptura aún mayor: a diferencia de las previamente mencionadas, no está condicionada por una iniciativa personal. Esta imagen está hecha de notaciones binarias del tipo presencia/ausencia, a diferencia de la imágenes sintética o analógica, no se basa en un objeto del mundo, puede ser una sensación y no mostrar nada, no cuenta con un soporte que el usuario pueda tocar, e incluso es impalpable en su construcción, lo que supera la interactividad. Como también afirmaba Dubois en Máquinas de imágenes, la imagen informática es lo real mismo, el objeto a representar forma parte del orden de las máquinas, es generado por un programa, y no existe fuera de él. Resulta así una abstracción.
Vuelta al análisis de la imagen analógica, Sorlin hace diversas observaciones respecto a la fotografía, entre ellas, la importancia que tuvo y tiene el género del retrato. En un principio este género funcionó como posicionamiento social, Baudelaire decía que los fotógrafos se enriquecieron porque "la sociedad inmunda" exigió que la retratasen. Las familias más ricas encerraban sus fotografías en álbumes, conservando un "perfume de intimidad". Así, frente a la imagen pictórica, la fotografía resultaba de fácil acceso y sus precios eran módicos. Introdujo una nueva manera de observar las caras, haciendo que la gente se cuestionase qué era lo que veían cuando estaban frente a un retrato; así como también desarrolló el gusto por la introspección. El retrato no sólo informa acerca de su modelo, también habla de cada individuo de lo que él mismo es, lo obliga a preguntarse cómo se para, cómo sonríe.
Hoy día el retrato continúa siendo de gran importancia, volcado en las redes sociales como Facebook, el género atraviesa diversos tópicos que podrían ser analizables, en principio desde las ideas de identidad, pose, del álbum de fotos, entre otros. Barthes, en La Cámara Lúcida decía: "La foto-retrato es una empalizada de fuerzas. Cuatro imaginarios se cruzan, se afrontan, se deforman. Ante el objetivo soy a la vez: aquel que creo ser, aquel que quisiera que crean, aquel que el fotógrafo cree que soy y aquel de quien se sirve para exhibir su arte." Para comenzar: 'Aquel que creo ser, aquel que quisiera que crean': el retrato funciona como marca de nuestra identidad, pautada en Facebook como la "foto de perfil", acompañada de nombre (real o pseudónimo), y datos personales: nos vemos sujetos a las características no sólo superficiales, sino como Sorlin mencionaba, a todas aquellas que hablan de cada individuo, indefectiblemente "nos pasamos el tiempo componiéndonos una cara para los otros". Ligado a esta idea de identidad se suma la de la pose, (cito DRAE "Postura poco natural, y, por ext., afectación en la manera de hablar y comportarse.") todo aquel imaginario que el usuario crea en base a su identidad. El retrato, bajo las "reglas" de interacción de la red social, pareciera ya que no se basa en demostrar la "clave de una persona" o en palabras de Barthes, el "aire" como la sombra luminosa que acompaña al cuerpo, visto en los famosos retratos de Avedon, sino simplemente una imagen de 'aquel que el fotógrafo cree que soy'. Finalmente considero importante la idea que previamente se mencionó sobre los álbumes de fotos, y lo que respecta a su privacidad. ¿Es realmente privado el "álbum de fotos" de Facebook? Ese 'perfume a intimidad' se ve hoy día trasladado más a una 'ilusión de intimidad' por parte de los consumidores de las redes sociales, las cuales sirven como acumuladores de lo que creemos ser.
Texto original: Victoria Siri
-Barthes, Roland. La cámara lúcida. Paidós. Buenos Aires, 2011.
-Barthes, Roland. ¿Qué es la crítica?, en Ensayos Críticos. Seix Barral. Buenos Aires, 2003.
-Dubois, Phillipe. "Máquinas de imágenes: una cuestión de línea general". Libros del Rojas (UBA). Buenos Aires.
-Sorlin, Pierre. "Introducción", en El 'Siglo' de la imagen analógica: Los hijos de Nadar. La Marca. Buenos Aires, 2004.