Lunes emo-industrial
“Supervisor fantasma, tormenta punk y té de jazmín para el alma”
Arranqué el lunes a las 9, dignamente. Hice la cama, alimenté a Anubis (diosa suprema de la casa), a Pirata (el que actúa como que no me conoce pero me sigue por todos lados) y a Hotch (el perro que vive para cazar palomas pero no llega a ninguna). Bajé con Hotch a su paseo zen-matinal, subí y arranqué el mate con Don Satur como si fuera domingo.
Clima nivel “presagio”: se nubló de golpe y dije otra vez va a llover.... Mientras revisaba el curso de Auxiliar de Farmacia y me enteraba que mañana hay paro de transporte (Argentina, te amo), el profe tiró el mejor plot twist posible: la clase será online. El universo me sonrió.
Con la calma a mi favor, me puse a jugar al Splinter Cell en la GameCube como un verdadero jubilado del caos. Después cociné arroz con queso y unas milas de filet de merluza, todo muy “chef con lo que hay”.
Camino al trabajo, me puse en modo MySpace 2008 con Pierce the Veil, Asking Alexandria, Bring Me the Horizon, Black Veil Brides y MCR. Básicamente: viaje en colectivo + melodrama core.
Llego al local y me recibe el supervisor con MIL cajas. Día clásico en la trinchera. Por suerte, como estaba nublado, no había casi gente, así que la encargada me mandó de una al descanso. Mate + alfajores + charla con Angelo (cajero del turno tarde) y Anthony (el referente cubano con alma de narrador de crónicas de dictadura y boliches under). Hablamos del Eternauta (los cebé tanto que lo están viendo), videojuegos y de cómo la presencia del supervisor hizo que milagrosamente la encargada se pusiera a laburar de verdad. Inédito.
Después me bajé a atender, reponer y hacer lo que sea para que no me den ordenes. Como me vio activo, el supervisor me dejó en paz... pero a los demás los volvió locos. Cuando no había nada más que hacer, nos hizo “limpiar lo limpio” y mover cosas por mover. Estética de oficina soviética 2.0.
Cuando se fueron los del turno mañana (la encargada y el cajero que se fue a ver a la novia porque prioridades), el supervisor se relajó. Y ahí sí: risas, chistes, y charlas tipo podcast no monetizado entre proletarios rotos.
Hablamos sobre relaciones, Oblivion, y les tiré la idea de ir a un boliche metalero donde van a hacer noche temática de Rammstein. Ambos dudaron por sus parejas, pero igual planté la semilla del caos.
Salí del trabajo con lluvia torrencial estilo Blade Runner pero sin presupuesto. Me compré un pancho + jugo de pomelo, y en el bondi volví escuchando Eskorbuto, Aliento de Perro, Expulsados, Attaque 77 y 2 Minutos. Punk en la tormenta.
Cerré el día con un guiso de fideos que hizo mi tía (nivel +10 en contención emocional), viendo la pelea de Jiraiya contra Pain como quien reabre heridas en silencio, y me hice un té de jazmín para aterrizar el alma.
Y ahora te lo cuento, como siempre, para que quede registrado en algún rincón del caos digital.














