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Hands by @godancent :-)
RockStar! Tony with an GuardianAngel! Peter
Tony suffers from severe depression, and Peter, who died at one of his concerts in unfair circumstances, decides to stay by his side forever.
Starker Week Day 4: So fluffy it hurts
I wanted to do more drawings for this year’s Starker week, but I broke my foot and things have been complicated, but and least I got to do the prompt that I liked the most!!
I just love drawing fluffy stuff with them, they are so cute!! 💖💖💖
AU-without powers
Starker week 2019 (Day two)
- Could not you at least avoid screaming at me?
- Baby, I'm so sorry. I did not want to do it. - kisses Peter's forehead and takes the child's face in his hands. - I promise not to scream you again. - He Gently kiss the lips of the child. - You forgive me?
- Only if you help me type the Vision book.
- Little cheat. - Peter complains and Peter lets out a small naughty laugh. -
- If we finish early ... - Pauses briefly and Tony looks attentively. - Maybe I'll let you play with me tonight, daddy.
So excited for this! Gonna be riding high from those FFH feels for a while and between @starkerweek and @starkerbingo the muse is gonna stay strong! After seeing everyone else’s awesome cards and the great themes for starker week, I’m also even more excited to see what everyone else comes up with for both of these wonderfully creative and beautifully curated events!
Starker Appreciation Week July 15: Anything Goes
Las cinco veces que Tony pudo resistirse al encanto de Peter y la vez que se rindió
Peter Parker podía ser extremadamente joven. Y puede que un tanto ingenuo, por ese gen nerd que hacía que no prestara atención a otra cosa que no fuera su seria afición por la ciencia y la tecnología. Pero no se podía negar que el chico tenía un nada sutil encanto que emanaba fuerte de él, mezcla de explosiva energía y de varonil comportamiento.
Y una semana junto a aquel chico era más de lo que estaba dispuesto a resistir Tony Stark, hombre cuya paciencia estaba siendo puesta a prueba casi a diario, cada vez que el joven Peter Benjamin Parker hacía su gloriosa, y poco disimulada, aparición por las cercanías de su taller. Tratar de ser indiferente alegando diferencia de edad, de experiencia o de nivel intelectual, eran viles excusas que ni él se creía.
De esta manera, su semana se venía presentando jodidamente imposible desde el momento en que al llegar de su oficina un sonriente Peter, con campera, jeans y zapatillas de lona, sumamente juvenil (casi rayando en lo obsceno) en su aspecto, con aroma a loción de niño y a toque maternal en su arreglo (¿las manos de su tía May?) lo estaba esperando ensimismado en un complicado proyecto, en el banco asignado en su propio taller.
Porque Tony “hombre de mundo” Stark podía presumir, y sin faltar a la verdad, de haber conocido gran cantidad de personas y haber sentido un sinnúmero de aromas y perfumes, desde extractos costosísimos hasta los más bochornosos y aberrantes perfumes que el ser humano podía segregar pero nunca, entiéndase bien, nunca una esencia lo había afectado tanto como el tibio olor juvenil de Peter. Nada de lo conocido podía, ni por asomo, acercarse al inigualable aroma que desprendía la piel adolescente de Parker. De seguro tenía cantidades extra de juventud y toda la vida aún no vivida pegada en ella.
Asomado sobre el hombro de Peter, el gran Iron Man se permitió cerrar los ojos por un momento, aspirando el embriagador perfume de la piel desnuda comprendida en ese rincón en la base del cuello. El escaso vaho a sudor, el olor de la camiseta de algodón y el calor de la piel del chico lo hicieron estremecer, un leve tirón en la base de su vientre lo sorprendió y le recordó su lugar junto al adolescente. Y el poco de racionalidad que aún lo acompañaba lo ayudó a resistirse a la seducción del sol brillando en un adictivo aroma a limpio.
*~*~*~*~
A la mañana siguiente, Tony pensó que lo mejor sería poner cierta distancia entre él y el chico. Por lo tanto, al volver de su oficina y hacer su riguroso paso por el taller, lo hizo portando desde el comienzo su próximo y patético “proyecto”.
Con aquel anodino objeto, un radio de gran alcance que pensaba anexarle a Dios sabría qué (rogaba que Peter no le preguntara que hacía con ese viejo y obsoleto aparato entre las manos) Anthony Edward Stark intentó atrincherarse detrás de su banco de trabajo, con una expresión concentrada y una calculada lista de respuestas con la cual detener al mocoso apenas intentara acercársele. Porque sabía de sobremanera que el chico lo atacaría con un cúmulo de preguntas imposibles de contener con las cuales pretendería avasallarlo, poniendo su propio cerebro en jaque. Y convengamos que tratándose de un genio del nivel del hijo de Howard Stark, debía ser un cerebro realmente competente el que las formulara, si era capaz de hacerle tambalear su poderosa inteligencia.
Tal como lo supuso, aquel endiablado muchacho no esperó mucho para hacerlo blanco de su curiosidad y para bombardearlo con datos y preguntas. Aquel duelo de mentes, ese insano deseo de conocer, el paseo vertiginoso por toda la historia de la ciencia y de la tecnología para encontrar el dato extraviado, hacía que viera en el chico a un par. Y se preguntaba cómo sería vivir 24/7 con alguien a quien las dudas no le venían bien, que buscaba de resolver todo lo que le generara inquietud, que no dejaba rincón sin revisar cuando algo se le escapaba, así fuera algo del tamaño de una nano molécula. Esta vez, fue la impresionante seducción de un cerebro de proporciones similares al suyo, quizás hasta mejor, la que detonó ese punto oculto donde las sensaciones giran en espiral, cuando el conocido tirón en su bajo vientre le advirtió que ni su armadura de super héroe lo libraría de caer a sus pies, si Peter Benjamin Parker decidía hacerlo blanco de una disertación magistral sobre cualquier tema de los que apasionaban a los dos. A tiempo, se retiró del taller, dejando a su IA al cuidado del menor. Había logrado burlar la sutil seducción de su inigualable cerebro.
*~*~*~*~
Luego de un par de días evitando a Peter con la excusa de que no se sentía con ánimos para ir al taller o para hablar de partículas, de energías sustentables o de micro chips encriptados, Tony comenzó a sentir los estragos que podía producir la soledad cuando uno se acostumbraba a cierta invalorable compañía, si a esto se le sumaba la repentina desaparición con motivos de un viaje con el club de ciencia del desquiciante adolescente. No estando por allí Pepper, ni Happy ni Visión ni Rhodes para cruzar unas palabras, la ausencia del muchacho le molestaba, aunque quisiera convencerse de que no era así. El haber rechazado ir al MIT como él le había indicado, se había convertido en una ventaja pues le permitía gozar más seguido de su compañía. El cruzarse con el muchacho algunas veces, el saberlo en el taller o el verlo a lo lejos cuando era convocado a alguna disertación en nombre de las Industrias Stark, se fue convirtiendo en una constante que, con el tiempo dejó de cuestionarse, al punto de parecerle que siempre había estado allí y así sería en adelante.
Sin embargo, su deseo de escapar de la atracción que el adolescente despertaba en él, conocedor de lo que sucedía con todo lo que tocaba y de lo cual se apropiaba, demasiado consciente de su fama y firmemente convencido que tenerlo cerca sería malo para el chico, había terminado convirtiendo su existencia en un árido desierto en el cual, si bien vislumbraba un oasis, prefería tenerlo por un espejismo antes que ir con toda su miseria, con sus vicios y con sus frustraciones a mancillar tan grato lugar.
—Sr. Stark, he vuelto. Y adivine qué… ¡lo extrañé! Bueno… quiero decir… el taller y Friday… Sr. Stark, ¿está por ahí?
No se necesitó más que esa simple frase, la primera, para que el deseo de compañía hiciera mella en él. Y por un momento pensó en dejarse seducir por aquello que crecía en su pecho ante las palabras de Peter, mientras lo buscaba por todo el piso, abriendo y cerrando puertas, llamándolo y preguntando a Friday por él. Pero estaba poco habituado a sentir ese calor y tuvo miedo, una vez más, de echar todo a perder y rechazó la seducción de la compañía perfecta para él. Quizás en otra ocasión. Quizás por ahora, un buen whisky añejo sería su cálido amigo hasta que volvieran los que siempre lo acompañaban, que lo conocían de años y que no le pedirían algo que no estaba seguro de cómo dar. Todo lo cual no le impidió maldecirse por no correr a los brazos del chico con olor a sol y disfrutar de un poco de su calidez.
*~*~*~*~
¿Reformas en su traje de Spiderman que lo protegieran contra los rayos láser? Los dos estaban de acuerdo. ¿Pasar horas revisando pantallas holográficas para detectar un detalle que se les pasaba por alto? Ninguno de los dos parecía necesitar descansar. ¿Ir en busca de donas para desayunar? Ambos coincidían en la cobertura y en el relleno. ¿Brindar ayuda a quien lo necesitara? ¿Pensar en fabricar prótesis que reemplazaran miembros faltantes o atrofiados? ¿Criticar a Fury y reírse de los ex compañeros Vengadores, haciendo escarnio de sus defectos y nombrando despectivamente sus virtudes? ¿Proteger a Visión hasta de sí mismo? ¿Hacer renegar a Pepper con una actitud inmadura (aceptable en uno, inaceptable en el otro)? La mente de Tony Stark le pidió a gritos que no se dejara seducir por la cantidad innegable de intereses comunes que compartía con Peter Parker, mocoso demasiado joven para pensar tan parecido a él, para ser tan parecido a él… en las cosas buenas. Porque en las otras… mejor no pensar en hacer a Peter como él. Jamás. Él jamás arruinaría a Peter. Jamás le dejaría ser como él. Nunca… Y a duras penas ignoró el nuevo tirón en la zona que más le preocupaba cuando pensaba en Peter Benjamin Parker, alias Underoos, alias Spiderman. O eso prefirió creer.
*~*~*~*~
Peter se encontraba probándose el nuevo traje que Tony había creado para él. La imagen que le devolvía el espejo lo dejó satisfecho. No sólo estaba repleto de mejoras y de artilugios increíbles, sino que se ajustaba a su cuerpo como un guante. Por un momento no pudo dejar de mirarse en la luna plateada, embobado por la forma en que aquel traje modelaba su cuerpo, resaltando allí donde los músculos más se marcaban y asombrándolo porque no se explicaba en qué momento habían aparecido estos, aunque debía reconocer que columpiarse en una tela de araña era una actividad que lo mantenía en entrenamiento constante.
Tony, que en ese momento entraba al taller, lo pudo observar con el rabillo del ojo mientras se contemplaba en el espejo del vestidor. Sonriendo al ver el asombro en el rostro del chico, se dijo que era la mejor expresión que alguien podía hacer ante algo hermoso. Su sonrisa se extendió hasta alcanzar a dar brillo a sus ojos, mitad por lo perfecto del traje que parecía modelado sobre el cuerpo del mocoso-araña y mitad por lo perfecto del modelo, delgado y fibroso, energía en estado puro, belleza y sensualidad a la vista pero aún no percibidas por su dueño.
“¡Vaya!” se dijo en su mente, “parece que ambos sabemos apreciar las cosas bellas”. Porque sólo como “bello” se podía definir lo que Tony tenía delante de él. Aquel chico se estaba convirtiendo ante sus ojos en el sinónimo de todo lo hermoso y perfecto que alguna vez pudo haber contemplado. Si le preguntaran, lo tendría vistiendo ese traje todo el tiempo. Hasta se podía imaginar distintos escenarios en los que ese traje tuviera un verdadero protagonismo, y no era precisamente lanzando sus telas de araña entre edificios, ni luchando contra el villano de turno. El conocido tirón en una parte más cercana a su entrepierna le alertó que estaba por caer ante un nuevo encanto de Peter, descubierto muy recientemente a causa de esa piel superpuesta que le había obsequiado. Y pasó de largo, rumbo a su habitación, ordenando a su IA que le avisara cuando el traje estuviera de nuevo en su lugar, y Peter vistiera su habitual ropa de teenager. Mientras se alejaba no pudo evitar sonreír ante la idea de utilizar el agarre de su tela de araña en… Bien, eso nunca pasaría. Ni en sueños. No Tony. Déjalo ya.
*~*~*~*~
No señor. Nadie podía decir que no había hecho todo lo posible por evitarlo. Al fin, no pudo más que asumir la aplastante certidumbre de que toda su resistencia se había ido al garete, cuando un torpe e ingenuo Peter le mostró una infantil animación casera hecha con nendoroids de Iron Man y de Spiderman en la cual ambos luchaban juntos contra el Gato Mutante (posiblemente el pobre gato de alguno de sus vecinos de Queens) y, al terminar la dura batalla con la huida del felino, ambos se sentaban en una cornisa (la esquina de su escritorio) para disfrutar de un increíble atardecer neoyorquino.
Al finalizar la animación, y cuando Peter trató de explicarle cómo la había creado, el gran Tony Stark solo atinó a apoyar su frente en el hombro del chico, deslizar sus manos por los brazos contrarios hasta lograr entrelazar los dedos con los de Peter y, dando un paso atrás con sus ojos clavados en el rostro confundido de su pupilo, decirle con voz ronca:
—Peter, ¿nunca pensaste en tener algo con un hombre mayor…?
Y así mandó al diablo todos sus prejuicios (no los tenía, en realidad), e hizo algo que nunca haría y con justa razón; algo como dejar en las manos de otro la salvación o la perdición de su propia alma. La respuesta no tardó en llegar y llenó su pecho de dicha.
—Sr. Stark, ¿… le puedo decir Tony?
Historia que corresponde a la dinámica Starker Week 2018.
Esta historia me pertenece no así sus personajes que pertenecen a Marvel.
No se permite su copia ni su adaptación.
Spider eggs by @24bb2_2