Pensamientos ( l.jt. + m.jh. ) [ @stcclheart ]
Cuando Jaehyun se acuesta y mira el techo de su habitación, a las casi tres de la madrugada, con una sonrisa que ha estado en su rostro desde temprano, sabe que está tan, tan azotado por Joontae que ni siquiera puede negarlo —y descubre que tampoco quiere hacerlo—.
Llevan saliendo formalmente poco más de cuatro meses y Jaehyun puede decir que se han sentido como agua entre los dedos, de lo rápido que han pasado. Piensa que, en realidad, su relación no ha sufrido tantas modificaciones, como cualquier persona podría llegar a creer, porque siguen pasando los días juntos, se juegan las mismas bromas y siguen durmiendo por las tardes, cuando la escuela ha sido demasiado agotadora. La diferencia, se dice, recae en las muestras de afecto que tienen a diario.
Jaehyun recuerda que, cuando recién estaba descubriendo sus sentimientos por Joontae, el tomarle de las manos o besar sus mejillas, era una idea que pasaba por su mente a cada momento, y que tenía que reprimir porque, quizá, podría delatarse. Pero ahora… ¿qué era mantener las manos en sí mismo? Porque no hay momento en que sus manos no estén entrelazadas o demasiado juntos como para que siquiera el aire pase entre ellos.
Y ríe. Jaehyun ríe, al tiempo que se acomoda entre sus mantas y siente sus mejillas arder porque, aún cuando no hay nadie mirándolo, se siente avergonzado. No es como si alguien pudiera leer sus pensamientos o escucharlos, pero no quita el sentirse ligeramente expuesto, porque sabe que sus acciones hablan más que todas las palabras que pudiera pronunciar.
Nadie puede escuchar cómo sus pensamientos se vuelven locos cada vez que Joontae lo besa, pero sus manos sudan como si hubiese estado corriendo en una maratón. Nadie sabe todos los ‘te amo’ que se agolpan en su garganta cuando Joontae está acariciando a un perro en la calle o cuando le cuenta lo que sea que ha hecho en las pocas horas que han estado separados, pero sus mejillas duelen por su sonrisa y, Dios sabe, las ganas con las que se ríe.
Tampoco, nadie sabe lo seguido que la frase “daría mi vida por ti” pasa por su mente, cuando su novio se ve demasiado exhausto para terminar la tarea y Jaehyun lo hace por él, con notas a los márgenes que puedan ayudarlo a estudiar después. Todos desconocen las veces que ha tenido la charla con sus padres en su mente, cómo ha calculado cada posible pregunta y respuesta de la conversación, pero sigue llegando con Joontae de la mano, con el mentón en alto y dispuesto a decir lo que sea necesario para proteger su relación.
Da las gracias que nadie pueda leer o escuchar sus pensamientos, porque si lo hicieran también notarían todas las veces al día que se pregunta qué hizo en su vida pasada para tener a alguien como Joontae en ésta; Joontae, quién se ríe y alaba todo lo que hace. Joontae, quién lo hace correr por la calle solo porque está ‘muriendo de frío’. Joontae quién le hace los cumplidos más cursis y sin vergüenza alguna. Joontae, quién deja a sus amigos de lado para pasar la tarde junto a él. Joontae, quién le sonríe todo el tiempo y le saca fotos cuando está desprevenido. Joontae, quién lo toma de la mano frente a todos y ¿cómo siquiera se ver tan orgulloso?
Se pregunta si es el destino es el encargado de tal maravilla, y a qué mariposa tiene que darle las gracias por lograr, con su aleteo, que su camino se cruzara con su actual novio. (Se pregunta, irremediablemente, si los Jaehyun de otras vidas, de otros paralelos, contarán con la misma dicha que él —si ellos también se preguntarán en qué momento cayeron tan fuerte y tan duro por una persona con actitud de cachorro; por alguien que se queja todas las tardes cuando tienen que separarse y que se hace de expresiones enojadas cada vez que alguien los ve ‘más de lo necesario’ en la calle—.)
Aunque, Jaehyun piensa, destino o no, esto iba a pasar. Que, hilo rojo o no, no iba a tener ojos para otra persona más que para Joontae. Porque duda que alguien más pudiera hacer latir tan rápido su corazón con un ‘hola’, o que lo hiciera sentir en las nubes solo por estar envuelto en sus brazos; que lo hiciera sentir seguro con un ‘te quiero’ o con un mensaje de texto. Que lo inspirara a escribir cartas y a perseguir sus sueños; que lo ayudara a superar los miedos que ni siquiera sabía que tenía y a sacar lo mejor de sí mismo.
(Duda que otra persona que no sea Lee Joontae se haya dado el tiempo de conocer a Min Jaehyun.)
Suspira, con la mirada fija en su teléfono móvil, la picazón en la punta de sus dedos, porque es tarde, ha dejado de hablar con Joontae hace tan solo unos minutos atrás y ya quiere mandarle un nuevo mensaje, solo para decirle, otra vez, lo mucho que ha disfrutado estos últimos meses; para contarle que sus pensamientos a estas horas son un caos y que están encaminados hacia el futuro incierto que los espera, porque son jóvenes; quiere decirle que el miedo se agolpa en su estómago y le hace cerrar los ojos con fuerza, porque teme que esto acabe antes de siquiera notarlo y no sepa aprovecharlo —quiere escribirle que lo ama tanto que sus corazón se hincha; tanto que quiere pasar su vida entera a su lado y que aún así le faltaría tiempo para disfrutarlo al máximo, para decirle que es lo mejor que le pudo haber pasado y que, por favor, no lo deje—.
Y si bien manda un mensaje, éste no dice nada de eso. En él solo reposa un “gracias por el día de hoy”, como el que manda todas las noches cuando sus pensamientos toman el mismo curso. Cuando todavía no se siente con la valentía para soltarle todo esto a Joontae, aun cuando sabe que él le quitaría todas las inquietudes con una risa, un abrazo y palabras que no sabía estaba necesitando tanto.
Así que, por el momento, se obliga a dormir, porque si bien en un par de horas no hay escuela, sus padres dijeron algo de ‘parientes lejanos’, ‘visitas’ y temprano’ durante la cena, algo a lo que, si bien no prestó mucha atención, debe hacer frente.
(Como a sus miedos e inseguridades, pero esos en otro momento y, sabe, en compañía de alguien.)












