[...]Sí, sí miles de cruces llenaban hasta el fin el campo.
Llegué desde los sitios más lejanos, con toneladas de cerveza
adentro y ganas de desaguar.
Así llegué a los viejos galpones de concreto.
De cerca eran cuarteles rectangulares, con sus vidrios rotos y olor a pichí, semen, sangre y moco hendían.
Vi gente desgreñada, hombres picoteados de viruela y miles de
cruces en la nevera, oh sí, oh sí.
Moviendo las piernas a todos esos podridos tíos invoqué.
Todo se había borrado menos los malditos galpones.
Rey un perverso de la cintura quiso lomarme, pero aymara el
número de mi guardián puse sobre el pasto y huyó.
Después me vendaron la vista. Vi a la virgen, vi a Jesús, vi a mi
madre despellejándome a golpes.
En la oscuridad te busqué, pero nada pueden ver los chicos lindos
bajo la venda de los ojos.
Yo vi a la virgen, a Satán y al señor K.
Todo estaba seco frente a los nichos de concreto.
El teniente dijo 'vamos', pero yo busco y lloré por mi muchacho.
Ay amor
Maldición, dijo el teniente, vamos a colorear un poco.
Murió mi chica, murió mi chico, desaparecieron todos.[...]