Se ha olvidado por completo que el primer símbolo del teatro es la máscara. La máscara es invariable, única e insistente. Es inmodificable, ineludible, destino. Cada hombre lleva su máscara, que para los antiguos significaba su culpa. Los niños tienen miedo de ella y gritan. El hombre, el autocomplaciente, el prosaico tiene que aprender a gritar de nuevo.
Ivan Goll, El supradrama.










