De tacitas emociones, de intactas sensaciones, de miradas vacías y vuelcos en el corazón...
Se quedó así, a la orilla del mar, esperando algo que no sabía que era, que no sabía si existía, o que tal vez, en algún sueño loco quizás imagino.
Cada tarde se aleja de la muchedumbre, se escapa a la playa. Y en el vaivén de las olas, se aleja con ellas esperando encontrar lo que su mente, fugada y extraviada, sigue anhelando.
Leregi Renga













