(Se sube el telón y entra el narrador en escena, con paso tranquilo y dirigiéndose al público)
NARRADOR: Cuenta la leyenda, que en la época en la que los seres fantásticos habitaban en Grecia, vivía un joven llamado Orfeo, quien había consagrado su vida a la música. Un día en el que Orfeo se encontraba en el corazón del bosque tocando su lira, descubrió a una ninfa que, medio oculta, escuchaba embelesada. Orfeo dejó su lira y se acercó a aquella hermosa criatura.
(Entran Orfeo, con su lira, y Eurídice en escena)
ORFEO: Hermosa ninfa de los bosques, si mi música es de vuestro agrado, abandonad vuestro escondite y acercaos a escuchar lo que mi humilde lira tiene que deciros.
(Orfeo comienza a tocar de nuevo, haciendo que Eurídice se acercara a él, tomando asiento a su lado)
EURÍDICE: Tocad para mí, dulce músico… Dejad que vuestra música me deleite como estaba haciendo instantes antes…
ORFEO: De mí oiréis la más bella canción de amor que jamás fue tocada… Y es únicamente para vos, pues sois mi nueva musa.
(Orfeo toca para Eurídice, transmitiendo con sus manos lo que su corazón le dictaba en aquel momento)
EURÍDICE: ¡Oh, es la canción más hermosa que he escuchado nunca! Es como si me hablara vuestro corazón…
ORFEO: Un corazón que os pertenece desde que os he visto.
(Mirándose, Orfeo y Eurídice salen de escena, tomados de la mano. El narrador a escena)
NARRADOR: Pocos días después, en aquel mismo bosque, Orfeo y Eurídice se casaron. La felicidad y el amor fueron los dos grandes protagonistas durante los primeros días de los recién casados. Pero un día, mientras Eurídice paseaba por el bosque, una serpiente vino a morder el delicado talón de la ninfa, depositando en él la semilla de la muerte.
(Entra Orfeo, solo, en escena, con gesto cabizbajo y triste)
ORFEO: ¡Oh, Hades! ¿Por qué habéis tenido que arrebatármela tan pronto? ¿Por qué? Yo, que mal ninguno os he hecho… Y que siempre os he deleitado con mi música, a vos, y a vuestros hermanos… Pero no, bajaré a los infiernos a recuperar a mi amada. Devolverla de nuevo a la vida, junto a mí.
NARRADOR: De aquella forma, Orfeo se puso en marcha pese a que el camino al Inframundo era largo y estaba lleno de dificultades. Pero consiguió llegar hasta el borde de la laguna Estigia, cuyas aguas separan el reino de la luz del reino de las tinieblas.
(Aparece Caronte, montado en su barca y portando en su mano un remo)
CARONTE: Ningún mortal puede cruzar estas aguas… Ya podéis volver cuando hayáis perecido.
ORFEO: ¡Oh, Caronte, Caronte! Fiel servidor de las almas… De la muerte… Os pido que me dejéis cruzar estas oscuras aguas, pues mi amada me aguarda en la otra orilla.
CARONTE: Os lo repito, mortal. Debéis ser un espectro para poder cruzar y portar además dos monedas de oro que me debéis dar. Mas sólo lleváis una lira de madera, que para nada me es útil. Volved por donde habéis venido y cuando muráis iréis a la orilla en la que se encuentra vuestra amada.
NARRADOR: (Mientras Orfeo comienza a tocar) Viendo que a nada llegaría si seguía hablando, Orfeo entonó un canto triste y melodioso que conmovió al barquero y lo condujo, finalmente, hacia la otra orilla. Una vez en el reino de las tinieblas, se presentó ante Hades, dios de las profundidades, quien se encontraba con su esposa.
(Caronte sale de escena junto a su barca y Hades y Perséfone aparecen, tomando asiento en sus tronos)
ORFEO: ¡Oh, señor de las tinieblas! Heme aquí, en vuestros dominios, para suplicaros que resucitéis a mi esposa Eurídice y me permitáis llevarla conmigo. Yo os prometo que cuando nuestra vida termine, volveremos para siempre a este lugar.
HADES: Bien debéis saber que todo el que entra en el Hades, no sale de él. Habéis perdido vuestro tiempo… Así que marchaos y no volváis hasta que llegue vuestra hora.
PERSÉFONE: Marchaos, citarero. Marchaos y no volváis. Vuestra esposa está bien aquí. Este es su nuevo hogar.
ORFEO: Permitidme, mis señores, que os toque mi lira… Dejad que os muestre lo que verdaderamente siento por mi esposa.
PERSÉFONE: Adelante, tocad. Mas no penséis que eso nos hará cambiar de opinión.
(El narrador, que hasta entonces había permanecido oculto, vuelve a aparecer)
NARRADOR: Orfeo comenzó a tocar de nuevo y su música era tan conmovedora que consiguió paralizar las penas de los castigados a sufrir eternamente. Y lograron también ablandar el corazón de Hades y de Perséfone, quien, por un instante, sintió que sus ojos se humedecían.
PERSÉFONE: (Habla cuando Orfeo deja de tocar) Joven Orfeo, hasta aquí habían llegado noticias de la excelencia de vuestra música, pero nunca hasta vuestra llegada se habían escuchado sones tan turbadores como los que se desprenden de vuestra lira…
HADES: Por eso, os concedo el don que solicitáis, aunque con una condición.
ORFEO: ¡Oh, poderoso Hades! Haré cualquier cosa que me pidáis con tal de recuperar a mi amadísima esposa.
HADES: Pues bien, vuestra adorada Eurídice seguirá vuestros pasos hasta que hayáis abandonado el reino de las tinieblas. Sólo entonces podréis mirarla. Si intentáis verla antes de atravesar la laguna Estigia, la perderéis para siempre.
(Hades y Perséfone abandonan la escena y aparece Eurídice, que se sitúa tras la espalda de Orfeo. El narrador queda en un lateral, hablando al público)
NARRADOR: Orfeo inició el camino de vuelta. Atravesó oscuros senderos hasta divisar a Caronte con su barca. (Aparece Caronte mientras habla) Orfeo dudó por un momento y, lleno de impaciencia por las múltiples preguntas que se hacía a sí mismo, giró la cabeza para comprobar si Eurídice le seguía. Y en ese mismo instante vio cómo su amada comenzaba a retroceder.
ORFEO: Eurídice… ¡Eurídice! (Habla mientras Eurídice se marcha)
NARRADOR: Orfeo lloró y suplicó perdón a los dioses por su falta de confianza, pero sólo el silencio respondió a sus súplicas. Según cuentan las leyendas, Orfeo se retiró a un monte donde pasó el resto de su vida junto a su lira y las fieras que se acercaban a escuchar los cantos melancólicos compuestos en recuerdo de su amada.
(Orfeo, Caronte y el narrador abandonan la escena. El telón cae)
[Muchísimas gracias a @indie8d por hacerme este precioso cartel ♥]