«Un amigo me preguntaba el otro dĂa cĂłmo podrĂa definirse el burocratismo.// âMira âle dijeâ, no es fĂĄcil porque el concepto es amplio, abarca mucho. Puede incluso abarcar toda una regiĂłn o todo un paĂs. Pero, digamos âhaciendo un intento, un profundo esfuerzo intelectualâ que una de sus definiciones podrĂa ser: âLa tendencia, que a veces se convierte en obsesiĂłn, por controlarlo todo hasta el mĂĄs mĂnimo detalle y, luego, la incapacidad de llevarlo a caboâ.// âNo entiendo muy bien âme dijo mi amigoâ, necesito un ejemplo.// âBueno, un buen burĂłcrata, un burĂłcrata legĂtimo, pura sangre, espera que las croquetas de QuivicĂĄn, por ejemplo, sean igualitas, exactas, a las croquetas de Gibara. Entonces crea modelos, redacta orientaciones y circulares, imprime carteles, plegables y murales explicando al detalle los Ăntimos parĂĄmetros del modo y manera en que debe confeccionarse una croqueta. Convoca a reuniones, llama por telĂ©fono, local y distancia, emplea el tĂ©lex, gasta gasolina visitando unidades, exhorta, explica, impulsa, entusiasma y orienta. Y luego, claro, la croqueta de Gibara no resulta ser igualitica a la croqueta de QuivicĂĄn. Porque una croqueta es una croqueta y no un tornillo de media pulgada que sale de un torno. Aunque, naturalmente, hay croquetas que parecen y saben a tornillos de media pulgada».