Anónimos que serenan
De tantas veces subirme al mismo bus a la misma hora los mismos días, cuando cualquier año es el mismo año siempre, empiezo a reconocer a personas anónimas, que me acompañan en el tedio, con la misma (mala) suerte que yo. Llegar a la parada y verlas, es señal de que no perdí el bus. Me serenan. Ir a envejecer a una de las oficinas del Estado sin saber si aún están atendiendo, y ver la fila de anónimos esperando su turno, me serena. Caer a sufrir con el dentista, y ver a otros que la pasarán igual de mal que yo o peor (niños), me serena. Salir y ver que todos tienen tapabocas igual que yo, que todos estamos en el mismo infierno y que cuidándonos todos intentamos escapar cuanto antes, me serena. Escribir y constatar que me leen infinitxs anónimxs, mis desconocidxs favoritxs, me inquieta. Y para calmarme, escribo hasta serenarme.
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