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La invención del castellano
Maximiliano Fabi
“... las voces de los discos invaden rompen la piel hay que taparse los oídos hablan aúllan mil veces lo mismo no se puede dejar de escuchar..."
Diana Machiavello, Terrazajaula.
“¡Ah, sí, cuando hay que aprender se aprende; se aprende cuando se trata de encontrar una salida!"
Franz Kafka, Informe para una academia. Citado por Beatriz Gez en el prólogo a Informes para el psicoanálisis, de G. García.
I
Hay unos seres mal-ditos. Son aquellos excluidos del juego del lenguaje. Aquellos que no han dicho Bien lo que se esperaba de ellos, y que sin embargo no han podido escapar a ser dichos por Otro. Se trata de una oscilación que García conocía bien; la había descubierto en Oscar Masotta, ahí cuando en su «brote» -luego de la muerte del padre- éste se tambalease entre un estilo impostado y un estilo delirante: o bien buscar decir -pero absolutamente- aquello que el otro dice mal, o ser mal dicho por el Otro. En cualquiera de ambos casos, lo que se maldice es el goce.
Sin embargo, este «juego de las exclusiones» pareciera hablar mucho más que de Masotta: un apartado con ese nombre en la revista Literal nro. 4/5, incluye un comentario de Terrazajaula, la nouvelle de Diana Machiavello. “Hablar esa voz -señala el comentarista-, es ante todo, abandonar las luminosidades de la recuperación y la redención; aprender el pase de las filiaciones rotas y la fragmentación de lo idéntico".1
¿Quién escribe esas palabras? Poco importa, si hasta el propio autor indica que “ahora... no se trata de nombres". Importa, sin embargo, que en Oscar Masotta y el psicoanálisis castellano, García identifica a Masotta con Machiavello, pues plantea que la publicación de Terrazajaula en Les temps modernes a instancias de Maud Mannoni, “... quizás fuese un reconocimiento desplazado de aquello que [ésta] no pudo escuchar".
¿Cuál sería esa resonancia que entonces había sido sorda, y por qué se la escucharía en Terrazajaula? Si en esa novela, Machiavello -como dirá García- narra su propio «brote», ¿acaso ésta no dirá algo entonces acerca de ese gajo que germ(a)inaría de Masotta? Porque en Terrazajaula leemos:
“... siento frío tiembla el recuerdo de mi nombre desparramado por la nieve sucia de una ciudad cansada donde caí abierta desgarrada sollozante sobre las baldosas suaves de una terraza de viento y verano las luces giran el aire vibra igual que en aquella jaula donde hacía mover las estrellas a través del enrejado..."
Publicada en 1967 por la editorial Sunda, lo cierto es que en esta constelación “donde el arriba (la terraza) y el abajo (la jaula)... se incluyen en los tiempos y modalidades de una voz narradora y como en llamas", no pareciera tratarse únicamente de que Machiavello fuera una «amiga y colaboradora» de Masotta: un año más tarde (el año de Nanina), García compartiría la escritura de una obra colectiva junto a la gente del grupo Sunda, y en aquella que fuera su colaboración -a la que llamaremos: Complicancias- finalizaría diciendo:
“me pregunto, respondo, soy retórico y uno vaya a saber qué secretos anhelos, qué revanchas sin rostros, qué compensaciones impensadas sostienen mis actos, siempre a la misma hora, frente a los libros, en la pieza, de espalda a la puerta, los cigarrillos a mano, una birome cerca, la máquina de escribir bajo mis dedos, las tablas, el ruido del teléfono, los mosaicos de afuera, los vecinos de pensión, el grito de los chicos..."2
Era 1968; era el García que estaba en trance de ser Germán Leopoldo García, y si bien el proyecto Literal había fundado la salida del estilo impostado que empezaba a demandar la revista Los Libros, no hay que olvidar que luego de aquel número 4/5, el proyecto naufragaría.
La tapa lo advierte: Qui de uno dicit, de altero negat, pero sin embargo, esta negación de un otro que fue amigo, no terminará sino por someter aquello que se dice a la pura alteridad del Otro. Se trata de una tensión, entonces, como aquella en la cual estaba tironeado Masotta, y es por eso que ahora resulta importante notar que -para el comentarista de Terrazajaula- la literatura se diga menos en lo que la actualidad ofrece a la lectura, que en “... lo que una virtualidad sin entrega esboza en sus formas": esa obra a la que la palabra pública ha sido indiferente -y que sin embargo vuelve, como vuelve el síntoma-, revela el retorno de una dialéctica muy conocida, pero ésta -a diferencia de lo que hubiera querido Lacan- no será ya de ficción: ausente la negociación ante una escalada a los extremos (“si querías seguir -explicaría años más tarde García- había que escribir en latín"3), la lucha a muerte se torna literal, y es por eso que aquí -mucho más que la de Masotta- es la histoire intelectual de García la que pareciera cortarse súbitamente en dos.
II
¿Pero qué forma de vivir -imposible de ser compartida- habla en estas exclusiones? Acaso una que testimonia los efectos amorosos de la lengua, ahí cuando el amor se ha vuelto indeclinable: “desmesura de una hibris, desvío de un desvío, espacio donde la muerte juega con otros dados, no exigimos para esta obra -dice el comentarista de Terrazajaula- pronta inclusión de lo que precisamente excede (...) sino el mantenimiento de la exclusión en su propio borde; no una apología que la «llene» y la entregue a la vida del sentido (a la filiación) sino un pensamiento..."
Toda complicancia no es más que el intento de solucionar ese laberinto infernal donde uno está encerrado con uno, pero si Terrazajaula no puede escapar al juego de las exclusiones, eso es porque dice bien una escritura que su autora califica con la precisa palabra de «complot». Para que la lucha a muerte no resultase mortal, sería necesario encontrarse con otra cosa; quizás con algo parecido a aquello que -según Jorge Jinkis- configura el reverso del insulto4: Masotta hablaría de política; pero de otra política: aquí no se trata de afirmar o negar nada, sino de “una forma de encarnar la palabra, de volver consistente un discurso, de sobreponerse a la sospecha de la impostura y saberse fuera de los designios de la locura"5.
Si la voz de Terrazajaula atestigua el desgarro que significa intentar “aprender el pase de las filiaciones rotas y la fragmentación de lo idéntico", Masotta -por su lado- ensayaría otras maneras de pasar: “Destino este libro a Oscar Masotta -escribe García en La entrada del psicoanálisis en la Argentina- porque supo propiciar el retorno del psicoanálisis a nuestra lengua y el pasaje de algunos al psicoanálisis".
Haber pasado al psicoanálisis no es entonces hablar en lenguas sino intentar esa política donde Jacques Lacan hace la Aufhebung de Jean Paul Sartre. El infierno es uno, no los otros, y el castellano (que en latín es palabra allegada a castrum), hace aquí el enroque del Otro. Lo que sigue podrá ser ahora sí “un intento de incluir lo que los autores excluyen"6, porque el lenguaje que enseñaba Masotta será efectivamente reductible a eso común que hay en todo sentido. Biendiciendo lo maldito que hay en uno, se escapa al Otro y a la impostura; se dice una forma de atravesar las fantasías, y se logra el grupo: una poe(lí)tica.
Y sin embargo, nada de esto ocurriría sino après coup, pues es tan sólo cuando García haya escrito el libro sobre el psicoanálisis castellano, que entonces Oscar Masotta habrá podido ensayar el psicoanálisis. Alguien dirá que eso es poco mérito para Masotta, ¿pero cómo García podría haber escrito Oscar Masotta y el psicoanálisis castellano, si antes aquel Masotta no hubiese castellanizado el psicoanálisis?
Es un perro que se muerde la cola... pero luego de Literal, la escritura en objeto marcará este estilo que debe (y al cual debemos) a Masotta. García se mete en el psicoanálisis como quien salta a una trinchera: ese refugio contra uno mismo que identifica al príncipe analizante de Masotta, con la intemperie filosófica de (Diana) Machiavello.
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1 En revista Literal, ed. facsimilar, Biblioteca Nacional, Bs. As., 2011.
2 En: Mano de obra, Gregorio Kohon, Martín Micharvegas, Daniel Ortiz, José Peroni y Germán García, ed. Sunda, Bs. As., 1968. Hay una versión disponible de este texto en el Archivo Virtual Germán García de la Fundación Descartes.
3 Ver: «Un rodeo por Germán García», entrevista de T. Otero, D. Kahanoff y M. Laje, en: G. García, Palabras de ocasión, (César Mazza, comp.), ed. Los Ríos, Córdoba, 2018.
4 Sobre esto, ver: Marcelo Izaguirre, Jacques Lacan: el anclaje de su enseñanza en la Argentina, ed. Otium, Bs. As., 2017, pp. 138-139.
5 Germán García, Oscar Masotta y el psicoanálisis castellano, ed. Puntosur, Bs. As., 1991.
6 Ver: Ibid., p. 13.













